Entrar Via

La Princesa romance Capítulo 273

Por un lado todo era tensión, pero en otro sitio, el ambiente se volvía agitado de una manera muy distinta.

En el piso más alto del Bufete Equilibrio Judicial, alguien tecleaba sin descanso frente a la computadora; sobre el escritorio se apilaban documentos por doquier.

—Alfonso, ven a comer algo, ¿sí? Llevas todo el día metido aquí —dijo Benito entrando con paso ligero, cargando una taza de café y una bolsa con un sándwich.

—Señor, mañana es la audiencia oficial. Quiero revisar todo otra vez, por si se me escapó algún detalle. Así, si falta algo, todavía lo puedo ajustar —respondió Alfonso, sin apartar la vista de los papeles.

—¿La primera vez que te toca un caso tan grande, verdad? —preguntó Benito con una sonrisa llena de orgullo por su aprendiz.

—Sí, la verdad sí. Pero más que nervioso, tengo ganas de ver a estas personas recibir su merecido ante la ley —contestó Alfonso, apretando los puños con tanta fuerza que los documentos temblaban entre sus manos.

—Cuando termines con este asunto, te lloverán más casos parecidos. Hay gente con dinero que se cree intocable… y quienes trabajan para ellos, siempre hay quienes se prestan por un par de billetes —dijo Benito, moviendo la cabeza. Él, que ya tenía años en el negocio, no se sorprendía de nada.

—Pero tú no te vayas a vender, ¿eh? No todo el dinero vale la pena.

—Puede estar tranquilo, señor. Hay cosas que no puedo hacer. Soy el mayor de mi familia. Si por un poco de presión o tentaciones termino cediendo, ni mis papás ni mi hermana me lo perdonarían. Yo mismo me daría vergüenza.

Alfonso sabía que estar ahí era, en gran parte, gracias a Vanesa. Si su hermana podía ser tan brillante, él no podía darse el lujo de fracasar y decepcionarla.

—Cuando yo tenía tu edad, me tocó un caso muy parecido. Un empresario fingía ayudar a la comunidad con orfanatos, pero en realidad los usaba para vender niños que consideraba "bonitos" a otros ricos —contó Benito con el ceño fruncido.

—¡Ese tipo de gente debería pudrirse en la cárcel! —exclamó Alfonso, golpeando la mesa con rabia. Benito, que justo sacaba el café, dio un pequeño salto por el susto.

—Créeme, yo también lo pensé. Cuando vi las fotos, no pude evitar vomitar. Me la pasé varios días sin poder probar bocado de la impresión —Benito negó con la cabeza—. Pero bueno, primero come. Mañana nos espera una batalla dura.

Aunque ya era entrada la noche, la luz de la sala de juntas permaneció encendida hasta que despuntó el alba.

...

Al día siguiente, ambos apenas se asearon en la oficina y salieron a toda prisa rumbo al tribunal. Isaac ya los esperaba en la puerta, acompañado por dos guardaespaldas enormes, de casi dos metros cada uno.

—Vaya, parece que estos días no la has pasado nada fácil, ¿verdad? —comentó Benito, con esa mirada de quien ya se las sabe todas. Sabía bien que los poderosos hacían lo que fuera por intimidar o incluso desaparecer a quien les estorbara.

—Nada que no se pueda manejar. Uno aprende a tener su escondite —Isaac se encogió de hombros. Los años recorriendo distintos países no solo eran por Vanesa, sino también para aprender cómo desaparecer sin dejar rastro.

Si no tuviera la seguridad absoluta, jamás habría dado el siguiente paso.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Princesa