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La Princesa romance Capítulo 223

Vanesa jamás imaginó que la primera frase de Alba sería esa. Las lágrimas le brotaron de golpe, escurriéndose por sus mejillas sin poder contenerlas.

Apretó los dientes, intentando que su voz sonara lo más pareja posible.

—Sí, ellos me tratan muy bien, no se preocupe.

Forzó una sonrisa mientras se limpiaba las lágrimas con la mano, pero otras nuevas caían sin control, mojando su cara.

—Nuestra Vane lo merece —respondió Alba, sus ojos llenos de orgullo y ternura al escucharla.

—Señora Ríos, usted es muy importante para mí. La quiero mucho, ¿lo sabe? —Vanesa, siempre tan reservada para expresar sus emociones, no pudo evitar decir lo que sentía, con una urgencia que le brotaba desde lo más hondo.

—Lo sé, siempre lo he sabido. Yo también te quiero muchísimo, a ti y a Davi. Pero perdóname, niña, la señora ya tiene que irse a acompañar a tu señor Lobos. Él me ha estado esperando dos años. Tengo que ir con él…

—¿Y David? ¿Qué va a pasar con él?

—Davi todavía te tiene a ti.

—Eso no es lo mismo, señora —Vanesa, por primera vez, dejó ver su ansiedad y desesperación.

Alba ya no tenía fuerzas para discutir. Solo la miró, con una dulzura infinita en la mirada, sin nada de miedo ante la muerte. Más bien, se notaba que le costaba dejar a sus dos hijos, pero también sentía una especie de paz y alivio.

Viéndola así, Vanesa no pudo decirle nada para retenerla. Si la obligaba a quedarse, ¿no sería como tenerla atrapada?

—Eres fuerte, eres terca, y aunque hablas poco, eres una niña muy buena. Con tu compañía, me quedo tranquila por Davi.

Alba habló despacio, luchando para completar cada palabra.

—Si no hubiera sido por ti, seguro me habría perdido hace mucho —Vanesa parpadeó, intentó sonreír, pero sólo consiguió una mueca cargada de amargura.

—Eso no habría pasado —Alba negó con la cabeza, apenas moviéndola, sin energía para dar más explicaciones, pero la miraba con la certeza absoluta de una madre.

—Vane…

—Dígame.

Vanesa acercó la oreja para escucharla mejor.

Esta vez, Alba no protestó.

...

La misma escena, pero ahora en el corazón de David, era un torbellino de sentimientos. Se aguantó las lágrimas, abrió la boca buscando qué decir, pero las palabras se le atoraban, como si todas quisieran salir al mismo tiempo y no supieran cuál debía ser la primera.

Quería decirle “perdón, fui muy egoísta”, pero también le daban ganas de reclamarle a Alba por no haber resistido un poco más, por no quedarse un poco más por él.

—Perdón… —al final, eso fue lo único que logró decir, bajando la cabeza.

Se sentía como un niño pequeño que teme ser regañado, temiendo que Alba le reclamara por haberla retenido esos dos años, por haber sido tan cobarde y evasivo.

—La que no fue lo bastante fuerte fui yo, mi amor —Alba dejó rodar una lágrima por la mejilla. Levantó la mano, queriendo tocar el rostro de David una vez más.

Siempre había sido una mujer muy bella, y el encierro de tantos años sin ver el sol había hecho su piel tan pálida que se le notaban hasta las venas.

David había heredado su belleza. Los ojos almendrados de ambos, iguales, con las comisuras caídas, provocaban compasión y ternura en quien los miraba.

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