—No los decepcionaste, eh —Vanesa tenía una sonrisa que delataba su buen humor.
—¡Obvio! ¿Cuándo has visto que nuestra Vane quede mal? —Yago se aventó el comentario y al instante los demás lo respaldaron entre risas.
—¿No que tu 50 metros está a punto de empezar? ¿Por qué sigues aquí parado? —Estrella, después de inscribirse al lanzamiento de bala, pensó tantito y se animó también al 50 metros. A Yago casi le da algo de la emoción; se notaba que ya se veía ganando el primer lugar.
—Tenía que venir a felicitarte primero, ¡de verdad te la rifaste! —Estrella le revolvió el cabello a Vanesa con cariño.
—Bah, solo son 50 metros. En lo que estabas ocupada, ya me eché el calentamiento.
Apenas terminó de hablar, sonó la bocina de la escuela, pidiendo a los inscritos en 50 metros y otras pruebas que se prepararan para entrar a la pista.
—¡Órale, ve de una vez! Yo me echo un poco de agua y ahorita te voy a ver.
—Sale, voy a firmar y me formo.
—Échale ganas, señorita Olivera. Los chamaquitos vamos a ir a hacerte porra —gritó Yago desde atrás.
—¡Espérenme con el trofeo en la mano! —Estrella les gritó mientras se echaba a correr rumbo a la pista, sin dejar de agitar la mano.
Los amigos de Yago, al oír la respuesta de Estrella, se prendieron más todavía, parecían changos recién salidos de la selva, llamando la atención de medio mundo.
Vanesa solo negó con la cabeza, divertida, y tomó un trago del agua que Estrella le había dado antes de irse sin hacer mucho ruido.
...
Cuando llegó a la zona de los 50 metros, Vanesa buscó un lugarcito con sombra y se sentó. De pura suerte, quedó justo frente a la zona reservada para los inversionistas.
Se cubrió los ojos del sol con la mano y cerró los ojos un momento, como si fuera una gata echada a descansar. Abajo, Estrella, ya con su número pegado, le saludaba moviendo el brazo con toda la energía del mundo, su camiseta blanca resaltando su alegría.
Vanesa le devolvió el saludo, y en ese instante notó que Lucrecia también estaba en la línea de salida, pero su paso era lento y su andar, inestable.
Como ya había quien se ocupara, Vanesa decidió no pensar más en Lucrecia. Al final, como dijo Yago, si te sientes mal, puedes retirarte. Si eligió quedarse, es su decisión.
Vanesa y Lucrecia no eran amigas. Si acaso, traían sus roces del pasado. Ya con haberlo mencionado, Vanesa sentía que había hecho suficiente. Lo demás, no era asunto suyo.
Justo cuando se le iba la mirada, una voz conocida la llamó por detrás.
—Señorita Balderas.
Vanesa volteó. Carlos estaba ahí, no se supo ni cómo.
—Esto me lo encargó el señor Lobos para usted. Me pidió decirle que, con este calor, no olvide tomar agua. Y también que lo está haciendo increíble.
Vanesa sonrió de lado, recibió la gorra y miró hacia la zona de inversionistas, encontrándose de frente con la mirada de David.

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