Entrar Via

La Princesa romance Capítulo 187

—No estoy de acuerdo —reclamó Félix—. Camila ya dijo que sí, ¿por qué tú dices que no?

—¡Dije que no y punto! —Elías le aventó, alzando la voz.

—Me da igual lo que digas, si Camila dice que sí, yo voy a ir.

—¡No vas!

—¡Voy a ir!

—¡Te digo que no!

...

Al final, los tres terminaron yendo juntos.

—¿Y tú por qué te subes a mi carro? ¿A poco no tienes chofer? —Elías miró de reojo a Félix.

—¡Qué tacaño eres, Elías! —Félix se quejó mientras se sentaban, uno a cada lado de Camila, dejándola en medio.

—Eres un fastidio, como una sombra pegada —Elías murmuró, cruzado de brazos.

Félix aprovechó para tomarle la mano a Camila, pero Elías se la apartó de un manotazo. Los dos se quedaron mirándose feo, ninguno dispuesto a ceder.

El chofer, sentado adelante, prefería no meterse. Solo miraba al frente, deseando no ser notado.

Camila soltó un suspiro y le negó con la cabeza a Elías. Él trató de ponerse serio, pero no decía nada, solo la miraba con cara de pocos amigos.

—Haz lo que quieras... Si no fuera por Vanesa, ni te pelaría —Elías masculló, mirando hacia la ventana y tragándose el coraje.

Félix, con los ojos muy abiertos, se acercó más a Camila. Ella, sintiéndose incómoda, se fue pegando un poco más hacia Elías.

—Oye, Camila, ¿quién es Vanesa?

—Mi hermana —respondió Camila. Al notar que al fin le contestaba, Félix se emocionó aún más.

—¿Tu hermana? ¿Y es guapa? Yo también tengo una hermana y no pasa un día sin que me haga enojar. ¡La odio!

—Mi hermana es guapa. Muy guapa —Camila respondió, y al hablar de Vanesa, se suavizó por completo; sus ojos brillaban, como si Vanesa fuera su máxima heroína.

—Pero es mi hermana —Elías murmuró, sintiéndose cada vez más desplazado.

Camila, que lo tenía cerca, alcanzó a escuchar su voz baja.

En el fondo, agradecía a Camila. Para ser tan pequeño, tenía una madurez y una tranquilidad que no se veía en los demás niños de su edad.

...

Por otro lado, Vanesa ya había salido de la escuela y estaba llegando al edificio donde vivía, cerca de la tienda familiar. Jazmín la esperaba afuera, junto a dos bolsas enormes.

—¿Esperaste mucho, Jazmín?

—No, Vane, para nada. Claudio fue quien me trajo, recién llegamos.

Antes, cuando vivía con los Montemayor, siempre llevaba el cabello recogido en un chongo. Pero ahora, con el brazo enyesado, lo traía suelto, tan negro y abundante que parecía que toda la energía se le había ido al pelo y ella se había quedado más delgada que nunca.

Jazmín sonrió con timidez, limpiándose las manos en la ropa.

—¿Y él quién es...? —preguntó, señalando a un joven que las acompañaba.

—Es mi hermano, Federico —respondió Vanesa.

—Hola, Jazmín. Puedes decirme Fede —saludó Federico con una sonrisa cálida, de esas que conquistan a los adultos a primera vista.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Princesa