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La Princesa romance Capítulo 170

—Sabía que ibas a venir.

—¿De verdad no hay otra opción? —Vanesa miró los libros desordenados sobre la mesa. Aunque en el fondo ya conocía la respuesta, no pudo evitar aferrarse a un pequeño hilo de esperanza.

Valentín soltó un suspiro y cerró el libro.

—Vane, yo más que nadie quisiera que existiera otra salida.

Vanesa guardó silencio.

Ambos conocían los libros de medicina de la clínica como la palma de su mano. Si alguien preguntaba por alguna receta, podían señalar la página y el renglón exactos sin pensarlo. Ahora, después de tanto buscar y desvelarse, era evidente que se encontraban en un callejón sin salida.

Aun así, ninguno estaba dispuesto a rendirse.

¿Y si…? ¿Y si por descuido se les había pasado justo ese capítulo que podría hacer la diferencia?

—¿Y David… cómo sigue?

Vanesa negó con la cabeza, sin fuerzas para hablar.

Valentín parecía todavía más encorvado, como si los años le pesaran un poco más.

—Ese niño es fuerte y testarudo. Casi nunca deja ver lo que siente. Vane, estos días tendrás que estar más pendiente de él.

—Lo sé —respondió ella con voz queda.

No lograron encontrar lo que buscaban, pero Vanesa tampoco perdió del todo la esperanza. Siguió repasando los libros junto a Valentín. Cuando la noche cayó, no habían hallado nada útil.

...

El lunes marcó la apertura oficial de la cafetería. Federico y los Balderas habían llegado antes del amanecer para dejar todo listo. Vanesa, luego de terminar su desayuno, vio que aún era temprano, así que decidió tomar un desvío y pasar a echar un vistazo.

—¿En serio los dos son los mejores del año? —se sumó otra clienta, y varias mamás que llevaban a sus hijos a la escuela aprovecharon para preguntarle a Irma su secreto para educar así a sus hijos.

Irma les respondía a todas, asegurando que los muchachos eran disciplinados y responsables, sin dejar de moverse entre la clientela. Aurelio tomó el relevo de Federico en la caja y, mientras empacaba, les hizo señas para que no se entretuvieran y se fueran a clases.

Los hermanos se miraron, resignados. Uno había alcanzado a ayudar menos de diez minutos, el otro ni siquiera había cruzado la puerta.

—Vámonos —dijo Federico mientras le ponía el popote a la leche de soya de Vanesa y le pasaba el vaso. Luego tomó el de ella y repitió el gesto antes de beber.

—Ayer fui a la clínica —comentó Vanesa, probando su leche de soya, que tenía un sabor dulce y cremoso, nada que ver con las versiones aguadas de otros lugares.

—El profe y Santi estaban ocupados, así que le pedí permiso al maestro para venir a echar una mano. No vayas a pensar que me hago el flojo, ¿eh? Todo lo que me ha enseñado lo repaso diario, no me he relajado ni tantito.

Federico apenas podía tomar su leche, tan rápido se apresuró a explicarse, temiendo que Vanesa pensara que no valoraba la oportunidad y temeroso de decepcionarla otra vez.

—¿La marca en tu cara fue por Lucio, verdad?

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