—¡Ten cuidado en el camino, está resbaloso!
—Ya lo sé, usted váyase a descansar —respondió Vanesa, agitó la mano sin mirar atrás y se alejó a paso seguro.
A medio camino, la lluvia comenzó a caer. No era fuerte, pero sí constante, y mojarse así no era nada agradable.
—Ay, empezó a llover.
—Yo traje paraguas, vamos juntos —dijo una voz cercana.
Desde el edificio de clases, los estudiantes iban saliendo poco a poco. Lucio se quedó parado, mirando la lluvia que caía cada vez con más fuerza, perdido en sus pensamientos.
—Lucio, ¿no trajiste paraguas?
—No, se me olvidó.
—Yo tampoco, pero mi mamá me va a venir a buscar. ¿Quieres venir conmigo?
—No hace falta —dijo Lucio, cubriéndose la cabeza con la mochila.
—¿No va a venir tu mamá por ti?
Lucio guardó silencio. No le gustaba hablar de su vida personal.
—Me voy adelantando —dijo mientras se disponía a salir, pero una voz le detuvo.
—¡Lucio!
Lucio retiró el pie que ya había puesto fuera y levantó la mirada. Vio a Vanesa, que avanzaba bajo la lluvia con un paraguas y traía otro en la mano, caminando hacia él con paso tranquilo.
—Lucio, ¿esa es tu hermana? ¡Qué guapa!
—Sí —contestó Lucio, evitando mirarla a los ojos, como si le diera pena.
—¿Por qué viniste? —preguntó mientras recibía el paraguas que Vanesa le ofrecía.
—Vine por ti. Para llevarte a casa.
Lucio apretó los labios y sus ojos temblaron. Ya ni recordaba la última vez que alguien le había hablado de “casa”.
¿Será que… ahora sí tiene un hogar?
—Vámonos —le animó Vanesa, dando unos pasos adelante, pero notó que Lucio no se movía.
—Sí —alcanzó a decir Lucio y la siguió. Después de un par de pasos, se detuvo de nuevo y miró a su amigo.
—Mi familia vino a buscarme, así que me voy. Nos vemos mañana.
—Nos vemos, que te vaya bien —le respondió el compañero, despidiéndose con la mano y una sonrisa.
[Iker viene en camino, Santiago todavía está en la sala de ensayo.]
[Perfecto. Llama a Esmeralda Duarte para que venga a buscarme. Me voy para allá. Preparen todo para una reunión en media hora, y avisen al equipo de relaciones públicas.]
[¿Le decimos a señor Lobos?]
Vanesa dudó un momento.
[No, acaba de terminar un proyecto. Mejor que descanse unos días.]
[De acuerdo, contacto a Esmeralda para que pase por usted.]
Vanesa colgó y guardó el celular.
—¿Pasó algo? —preguntó Federico.
—Salió un asunto. No voy a regresar contigo hoy.
—¿Es grave? ¿Puedo ayudarte en algo? —Federico la miró preocupado.
—No te preocupes, es una cosa sencilla. Al rato viene alguien por mí. Esta noche no iré a la casa, dile a mis papás por favor.
Vanesa se quedó pensativa. ¿En qué momento había empezado a tener que avisar de sus planes? Hasta ella misma se sorprendió al decirlo.

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