Entrar Via

La Princesa romance Capítulo 118

—¿Así que saliste corriendo solo porque no querías ir a la clase de etiqueta?

Elías, al verse descubierto por Vanesa, soltó un resoplido, pero no se atrevió a contradecirla.

—Come, y cuando termines, haré que alguien te lleve de regreso.

—¡No quiero! Apenas me ves, ya quieres que me vaya, pero a ella sí la sacas a pasear y la traes a comer contigo —Elías señaló a Camila, con voz cargada de reclamo.

—Eso fue por una razón importante —Vanesa ni siquiera sabía por qué se justificaba; en ese momento se sentía como si la hubieran atrapado siendo infiel.

—No cambies de tema. Si no regreso, ¿qué piensas hacer? ¿Quedarte aquí toda la noche?

Vanesa se frotó las sienes, su tono reflejaba el cansancio que arrastraba.

Elías bufó de nuevo.

—Ya tienes a tu nuevo hermano, ¿yo qué te importo?

—¿Nuevo hermano…? Él es mi hermano de sangre.

Elías infló las mejillas y comenzó a jugar con el popote de su refresco, claramente molesto y sin intención de hablar más.

Isaac miró a Vanesa, preguntando con la mirada si necesitaba ayuda, pero ella negó con la cabeza.

—¿No quieres regresar conmigo? —dejar a Elías solo ahí tampoco era opción. Ahora la gente mala andaba suelta, y encima el muchacho se había acostumbrado a hacer lo que quería en el extranjero; dejarlo solo era receta para el desastre.

Elías dudó un instante antes de bufar otra vez. Ni aceptó ni rechazó.

Al llegar al carro, Vanesa se topó con otro problema.

—Yo me siento adelante, ustedes dos atrás.

—No quiero sentarme con él, que él se vaya adelante.

Vanesa miró a Camila, que no soltaba su mano ni por error.

—Miedosa —Elías no perdió oportunidad para burlarse de Camila.

Camila, molesta, puso sus manos gorditas y blancas sobre la cabeza de Trueno y miró a Elías. No dijo nada, pero su mirada lo decía todo.

Ahora era Elías quien no podía ocultar su incomodidad.

—¡Trueno! —lo llamó, esperando que el perro le hiciera caso, pero Trueno solo lamió la mano de Camila.

—Jajajajaja—Vanesa no recordaba haber visto a Camila reír así antes, ya fuera por las cosquillas o porque estaba contenta.

Camila y Trueno jugaban felices, mientras Elías, sin rendirse, intentaba llamar la atención del perro. Justo cuando iba a abrir la boca, Vanesa le apretó las mejillas con dos dedos y lo movió de un lado a otro.

Elías, con la cara deformada, no apartó la mano de Vanesa, aunque la miraba con clara molestia.

Al bajar del carro, Trueno seguía pegado a Camila, moviendo la cola con fuerza.

—¡Traidor! —Elías murmuró, visiblemente celoso. Pero como Vanesa lo llevaba de la mano, aunque quisiera, no soltó su agarre para ir a jalar la correa que sujetaba a Trueno.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Princesa