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La Princesa romance Capítulo 113

—Hoy sí te voy a encargar de esto, ¿va? —dijo Vanesa con una sonrisa tranquila.

—¿A poco necesitas decir esas cosas entre nosotros? —Isaac le dio un golpecito juguetón en la frente, con un gesto tan cercano que parecía el típico amigo de al lado—. Pero, bueno, lo del parque de diversiones creo que ya no va a poder ser hoy. Me acuerdo que me dijiste que a él le gusta dibujar, ¿verdad?

Vanesa asintió.

—¿Puedo platicar un poco con él?

Con una ceja levantada, Vanesa dejó claro que la respuesta era obvia.

Isaac, viendo esto, se agachó hasta quedar a la altura de Camila. Al notar el movimiento, Camila soltó la mano de Vanesa y se escondió rápidamente detrás de ella.

Vanesa no lo obligó a salir. Solo le pasó la mano por la cabeza, en señal de cariño.

—Camila, por lo menos hay que escuchar cuando alguien te habla, ¿sí? —Su voz era tan suave que ni siquiera parecía un regaño, pero tenía esa magia que relajaba a cualquiera.

Camila ya no intentó esconderse más, aunque seguía aferrado a la ropa de Vanesa y apenas asomaba la cabeza.

—Hola, es la primera vez que nos vemos. Yo soy Isaac Dávalos. Puedes llamarme Isaac—. Isaac lo miró directo a los ojos, y su tono, junto con ese semblante amable, hacían que cualquiera se sintiera en confianza.

Extendió la mano. Camila dudó, pero Isaac no se impacientó. Siguió con esa sonrisa serena, ojos llenos de calidez, como si invitaran a perderse en ellos.

Al final, Camila le estrechó la mano solo por un segundo, y de inmediato la retiró.

—Muy bien hecho —susurró Isaac.

Las orejas de Camila se pusieron rojitas y se escondió un poco más detrás de Vanesa.

Isaac ya no forzó el acercamiento y, en cambio, se levantó para abrir la puerta del carro.

—Oye, ¿tu estudio sigue funcionando?

Isaac rio con un dejo de cariño.

—Adelante, pasen —les dijo Isaac, sosteniendo la puerta.

—¿Quieren tomar algo? ¿Un té de flores o prefieres agua? —preguntó Isaac.

—Un té de flores, por favor —respondió Vanesa.

Isaac asintió y comenzó a preparar la infusión.

Hacía mucho que Vanesa no visitaba ese lugar, pero todo estaba igual de iluminado y artístico. Recordó que ella y Ismael habían ayudado a decorar el estudio cuando Isaac estaba en el extranjero con una exposición imposible de rechazar. Le había pedido a Vanesa el favor de encargarse del interior. Para sorpresa de ambos, el diseño seguía intacto, como si el tiempo no hubiera pasado.

—¿Y bien? ¿Ya ni reconoces tu propio trabajo después de tanto tiempo? —Isaac puso una taza de té frente a Vanesa y un vaso de agua para Camila.

—¡Oye! Yo también me eché una buena parte de la decoración —replicó Vanesa, con una media sonrisa, como si se defendiera de una broma.

Isaac solo rio y movió la cabeza, disfrutando el momento.

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