Silvia se dio la vuelta y caminó hacia la cocina para guardar el cuchillo. Sin embargo, al salir, vio que Cristóbal seguía plantado en el mismo lugar. La miraba con una expresión tan indescifrable y profunda que le puso los pelos de punta.
Se cruzó de brazos, a la defensiva.
—¡¿Qué quieres?!
Cristóbal tenía los puños apretados a los costados. Tardó un largo momento en encontrar su voz.
—Federico es un psicópata. Es el líder de una organización de mercenarios internacionales. Si le pagan el precio correcto, es capaz de matar, quemar ciudades enteras y hacer las cosas más atroces sin pestañear. Y tú... te involucraste con alguien así, y él no va a parar hasta encontrarte. Silvia, ¿tienes idea del peligro en el que estás ahora mismo?
Silvia frunció el ceño.
—Jose ya me explicó todo eso. He tenido mucho cuidado y no voy a dejar que me encuentre.
Cristóbal bajó la mirada, sintiendo un nudo en el estómago. Entonces era cierto. Sí se había acostado con Federico.
Habían tenido intimidad y ahora ese lunático estaba obsesionado con hacer que Silvia se hiciera cargo de él.
Cristóbal respiró hondo un par de veces para intentar domar la tormenta de emociones que lo consumía. Alzó la vista y la miró a los ojos.
—Solo esconderte no va a solucionar nada. Es verdad que aquí, en Santa Aurelia, tiene las manos un poco atadas, pero en el momento en que regrese a su territorio en el extranjero, tendrá miles de recursos para rastrearte.
El rostro de Silvia perdió todo color.
—No me asustes... ¿En serio tiene tanto poder...?
Cristóbal se dejó caer en el sofá.
—No tengo ninguna necesidad de asustarte. Solo te estoy diciendo la cruda verdad.
Silvia se quedó paralizada. Si lo que decía era cierto, la idea de Jose tampoco iba a funcionar. Aunque se fuera de viaje, si Federico realmente se empeñaba en encontrarla, lo lograría.
—Y entonces... ¿qué hago?
La desesperación se reflejó claramente en el rostro de Silvia.
Cristóbal la observó fijamente y dijo:
—Tengo un plan. Quiero creer que, por muy loco que esté, no intentará sobrepasarse con una mujer casada.
Silvia lo miró atónita.

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