—Si despierta, avísame para agendar la cita en el ayuntamiento.
Tras decir esto con frialdad, Josefina colgó el celular.
—Jose...
Cristóbal se quedó pasmado. Quería decir algo más, pero del otro lado de la línea solo se escuchó el tono de llamada finalizada.
¡Qué cruel!
¡Había colgado así nada más!
Benjamín había salido herido varias veces por ella, ¡y aun así se mostraba tan indiferente!
Al fin y al cabo, fueron ocho años de relación. ¿Acaso podía olvidarlo de la noche a la mañana?
Con algo de coraje, Cristóbal dejó el celular a un lado y miró a Benjamín, quien seguía inconsciente en la cama del hospital.
A su lado, Valentín también tenía un semblante sombrío.
—¿Cómo diablos se lastimó Benjamín? —preguntó Cristóbal, mirando el brazo izquierdo del hombre con desconcierto.
Valentín negó con la cabeza:
—La verdad, no tengo idea.
Cristóbal se masajeó las sienes. En ese momento, le sonó el celular; lo sacó para revisar y vio que era una llamada de Teresa.
—Bueno, señora Teresa —respondió Cristóbal, obligándose a sonar animado.
—¿Ya despertó Benjamín? —preguntó Teresa.
—Todavía no —suspiró Cristóbal—. El médico dijo que perdió mucha sangre y no saben cuándo va a reaccionar.
Teresa dudó un instante antes de decir:
—Voy para allá a verlo.
—De acuerdo.
Cristóbal sintió que algo andaba mal, pero no sabría decir qué. Poco tiempo después, llegó Teresa con Alberto en brazos.
—Señora Teresa, ¿por qué trajo a Alberto? ¿Qué tal si se asusta? —Cristóbal se acercó con total naturalidad para cargar al niño.
—¿Mi tío...?
Alberto miró a Benjamín, quien seguía inconsciente en la cama, y luego volteó hacia Cristóbal, con sus enormes ojos llenos de confusión.
Cristóbal le sonrió y le dijo:
—Tu tío está dormido. Al rato lo despiertas para que juegue contigo, ¿sale?
—¡Sí!
Alberto asintió con fuerza.

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