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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 327

Josefina ya se había ido de la casa de los Gutiérrez. Manejaba despacio por la calle. Afuera, la noche estaba más oscura que boca de lobo; las luces amarillentas de los postes hacían que la iluminación dentro del coche parpadeara, iluminando su rostro inexpresivo.

Tenía las manos aferradas al volante y la mirada fija al frente.

Esa «sorpresa», por supuesto, era Magdalena.

Al salir de la recámara, fue directo a buscar a Teresa.

Ella ya había hecho su parte; lo demás le tocaba a su suegra.

Estaba segura de que Teresa ya había hablado con Magdalena.

Y era un hecho que Magdalena no se iba a negar.

Se la pasaba coqueteándole a Benjamín de forma sutil, ¿acaso no era para llegar a esto?

Josefina apretó los labios; sentía un gran vacío en el pecho.

¿Cuánto tiempo había pasado ya?

Media hora...

Esa droga la había conseguido Teresa, seguro era muy fuerte. Media hora era tiempo más que suficiente para que hicieran lo suyo.

Josefina agarró la botella de agua que tenía a un lado y le dio un trago para intentar calmarse un poco más.

Unas luces traseras destellaron de repente. Un coche la rebasó a toda velocidad y, con un frenón, se le cerró y se detuvo justo enfrente de ella.

Josefina pisó el freno de golpe, sintiendo que el corazón se le salía por la boca.

«¿Acaso falló el plan?», pensó.

Enseguida, otros dos coches la alcanzaron por detrás y se le cerraron a los lados, bloqueándole cualquier salida.

Para su sorpresa, de un momento a otro, la calle se había quedado sin rastro de otros vehículos.

Sentada en su coche, Josefina sintió un escalofrío que le subió desde los pies y le recorrió todo el cuerpo.

El tercer coche se estacionó atrás de ella, y enseguida se escuchó un portazo.

Josefina parpadeó nerviosa. Levantó la mirada hacia el retrovisor y abrió los ojos de par en par al ver un rastro de sangre escurriendo por el brazo izquierdo del hombre.

Los faros iluminaban su espalda, pero su rostro quedaba entre las sombras, dándole un aspecto aterrador, como si fuera un demonio emergiendo de la noche. Su cara, iluminada de a ratos, reflejaba una expresión retorcida y sombría.

Josefina sintió que se le helaba la sangre.

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