Teresa dudó un momento antes de preguntar:
—Benjamín, ¿todavía estás enojado conmigo por haber firmado esos papeles por ti?
La voz de Benjamín sonó neutral.
—Mamá, eso ya es agua pasada.
—Es que me asusté muchísimo —hizo una pausa y suspiró—. Perdimos a Diego, no podía soportar que a ti te pasara algo. Pero ya lo pensé bien. Mientras te cuides, te voy a apoyar en todo lo que hagas.
Benjamín se quedó callado un segundo.
—Entonces ayúdame a recuperar a Jose.
—Trato hecho —aceptó Teresa sin pensarlo dos veces—. El día del aniversario de Diego la voy a invitar a comer a la casa. Él siempre la trató muy bien, así que no creo que me diga que no.
Al escuchar eso, la mirada de Benjamín se volvió gélida.
—Sale, me parece bien. Te dejo, voy a colgar —respondió en un tono mucho más cortante.
—Ándale pues.
Benjamín hizo a un lado su celular, dándole vueltas a las palabras de Teresa.
«Diego siempre la trató muy bien».
Y era verdad.
Siempre se portó a la altura de su papel como hermano mayor de la familia Gutiérrez: la cuidaba, era amable y nunca perdía los estribos.
Pero ¿y Josefina?
¿Qué pensaba ella al respecto?
Si ella supiera que...
Benjamín cerró los ojos para sacudirse esos pensamientos absurdos. Cuando los volvió a abrir, su mirada era profunda e inescrutable.
No había ningún "si".
Llevaba más de ocho años con Josefina.
Y absolutamente nadie los iba a separar.
***
Ese día, al tener descanso, Josefina se quedó jugando ajedrez con su abuela.
En eso, sonó su celular. Vio la pantalla y era una llamada de Emiliano.
—¿Bueno?
La voz de Emiliano sonaba preocupada.

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