Josefina no pudo evitar reírse, dejó escapar un leve suspiro y dijo:
—Pero no quiero meterte en problemas. Cuando Benjamín se vuelve loco, le vale madres quién se le ponga enfrente.
Emiliano se quedó en silencio; de pronto, hubo una pausa de ambos lados de la línea.
Al cabo de un momento, Emiliano finalmente habló:
—Josefina, somos viejos compañeros de escuela. Si necesitas ayuda, como compañero que soy, quiero apoyarte.
Josefina sintió una calidez en el pecho y, sin darse cuenta, se le formó una leve sonrisa en los labios. Fingiendo un tono relajado, le respondió:
—Entonces supongo que tendré que pagarte honorarios más altos. Al final, ser mi abogado de divorcio implica muchos riesgos.
Emiliano rio y comentó:
—No te preocupes. Lo peor que puede hacer es mandarme fuera del país de nuevo.
Josefina apretó la mano y su mirada se llenó de determinación.
—Está bien, entonces seguiremos adelante con la demanda de divorcio.
—De acuerdo —afirmó Emiliano—. Por mi parte, ya tengo todos los documentos listos. Como estás decidida a continuar, pediré que los presenten en el juzgado. Luego, el tribunal enviará a alguien para un proceso de mediación. Eso significa que el asunto ya no podrá ocultarse más, así que prepárate mentalmente.
—Entendido —asintió Josefina, expresando luego su sincera gratitud—: Emiliano, muchísimas gracias.
Cualquier otra persona, tras recibir una advertencia de Benjamín, se habría negado a ayudarla.
Pero Emiliano todavía estaba dispuesto a hacerlo.
De verdad estaba muy agradecida con él.
Emiliano sonrió y soltó:
—¿Y ahora sí podrías invitarme a comer? No creo que sea una petición exagerada.
Josefina respondió con resignación:
—Por el momento no se puede, se me complica bastante.
—Bueno, ni modo —cedió Emiliano—. Cuando estés más desocupada, ya me invitas. Te tomaré la palabra.
—Va.
Al colgar la llamada, Josefina dejó escapar un largo suspiro, soltando toda la tensión acumulada.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte