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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 160

¿Ella de verdad lo quería a él?

¿O en el fondo siempre quiso al muchacho que rescató en aquel entonces?

Esas dudas lo consumían por dentro.

Al mediodía, Josefina recibió una llamada de Cecilia.

Acordaron verse en la cafetería que estaba frente a la empresa.

En cuanto la vio, Cecilia fue directa al grano:

—Señora Gutiérrez, me despidieron.

Josefina frunció el ceño. No se esperaba que la corrieran tan rápido.

Cecilia la miró con recelo:

—¿Acaso no quiere divorciarse?

—Claro que quiero —respondió Josefina sin rodeos—. Pero si él la despidió, yo no tengo la culpa ni puedo hacer nada al respecto.

Cecilia frunció el ceño:

—Entonces, ¿cómo se supone que voy a acercarme a él?

En el fondo, no podía evitar echarle la culpa a Josefina.

Si tan solo no la hubiera llamado anoche…

Podría haberse quedado trabajando como secretaria de Benjamín, demostrándole su capacidad y ganándose su atención poco a poco.

Pero la repentina aparición de Josefina anoche le había arruinado los planes.

Cecilia se recargó en el asiento y dijo:

—Señora Gutiérrez, usted fue quien me pidió que viniera. Ahora tiene que buscar la forma de solucionar esto.

Su actitud se había vuelto bastante más arrogante.

Josefina alzó ligeramente las cejas y respondió:

—Ya llevaba un tiempo trabajando con él, ¿lograron acercarse en algo? ¿Alguna vez la invitó a cenar a solas o a algún evento importante?

La mirada de Cecilia titubeó:

—Yo… apenas era la secretaria nueva, es obvio que el señor Gutiérrez no me llevaría a cenas importantes.

—Ni siquiera había conseguido que la llevara a una cena, ¿y ahora viene a echarme la culpa de haberle arruinado los planes? —Josefina expuso la cruda realidad sin titubear—. Le di la oportunidad en bandeja de plata, pero resultó que usted no dio el ancho.

Cecilia enrojeció de coraje.

—¡Josefina! ¿Qué trata de decir?

—No trato de decir nada del otro mundo —respondió Josefina con semblante indiferente—. Yo quiero divorciarme y usted quiere enredarse con Benjamín. Se supone que somos aliadas. No estamos aquí para repartir culpas ni aventarnos la bolita al primer fracaso. Si está esperando que yo misma meta a Benjamín en su cama, lo siento mucho. El que no llora no mama. ¿Quiere que le den todo en la boca sin mover un dedo?

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