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La Luna no deseada por el Alfa romance Capítulo 359

Elara

—¡Quiero a uno de estos vivo! ¡No van a seguir saliéndose con la suya! ¡Quiero respuestas! —grité a mi equipo a través del enlace.

Llevábamos una hora persiguiendo a ese grupo de rebeldes, habíamos cruzado todo el territorio de Junior y llegado hasta la zona neutral. Creo que esperaban que nos detuviéramos en las fronteras. Pero estaban muy equivocados. Me comuniqué con Junior y su equipo nos alcanzó, aunque por poco no lograron atrapar a uno de los cinco que rastreábamos. Lo hirieron, eso sí, y en eso se enfocaba Junior. Yo quería al que iba al frente guiando la retirada. No entendía cómo eran tan malditamente rápidos. Como Alfa, debería haberlos dejado atrás incluso en un mal día y estando en transición.

—¡Lo atrapé! —Enlazó Junior, y transmití el mensaje a mi equipo.

—¿Seguimos adelante e intentamos atrapar al líder o trabajamos con lo que tenemos? —Enlacé a Junior, Jax y Dev.

—Quiero a este maldito desgraciado, pero no deberíamos desperdiciar energía.

—Estoy de acuerdo, ya estamos demasiado lejos de casa. ¿Y si es una distracción? —opinaron mis guerreros.

—Tenemos un camión en camino. Reúnanse con nosotros y los llevamos de vuelta para que descansen. —En los últimos meses, Junior se había desempeñado de maravilla. Iba a ser un líder increíble.

—Quiero hablar con este imbécil antes de volver.

—Es todo tuyo. Tú lo encontraste. Solo cruzó mi territorio. Pero me gustaría saber cómo y por qué conoce tan bien el terreno. Si pudieras sacarle esa respuesta antes de arrancarle la cabeza, te lo agradecería.

Llegamos al territorio de Junior en tiempo récord. Sus guerreros tenían al rebelde esposado con plata y con los ojos vendados, y parecía estar jadeando.

—¿Qué hay de tus padres? —preguntó Dev.

—Enlacé a Richard. Podrá ser un desgraciado conmigo, pero es leal a mi papá. Tengo que confiar en que los protegerá. Los necesito aquí conmigo. —Ojalá no estuviéramos tan escasos de personal, pero había perdido la confianza en demasiados y eso resultaba aislante y agotador. Empezaba a darle la razón a Ben: eso era lo que los rebeldes querían.

Arrojaron al rebelde a una silla en medio de una habitación de concreto. Muy estilo mafia. Había un desagüe en el centro del piso, una mesa contra la pared lateral para que el interrogador quedara más cerca de la única puerta.

Lo dejé con los ojos vendados por el momento. Si Junior quería sus ojos, le sacaríamos los ojos. Esa era la parte favorita de Jaxon.

—Bien, empecemos con algo sencillo. ¿De qué manada eres? —Sabía que era un rebelde por su olor; los lobos de manada portaban un aroma distintivo que los vinculaba con su Alfa. Eso nos permitía distinguir en una pelea cuando todos podían cambiar de forma.

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