Antes de irse al extranjero, para agradecer a Jessica y a las demás por acompañarla de compras y por invitarla, Leonor, al no tener nada de valor, les regaló varias mezclas de infusión relajante que ella misma preparaba.
—Me alegro de que a las señoras les gustara.
—No es nada de valor.
—Cuando tenga la oportunidad, prepararé más y te las daré. Y tú se las das a tu madre y a tu tía.
Como no era nada caro, Jessica aceptó encantada. —¡Claro! ¡Perfecto!
Después de todo, el intercambio de favores era una forma de estrechar lazos con Leonor.
Un favor por aquí, otro por allá, ¡y la relación se fortalece!
Jessica tiró de la mano de Leonor y, tras encontrar un restaurante, se sentaron.
—¡Por cierto! Cuando termines con tus asuntos, ¿vamos de compras? ¡Conozco una nueva pastelería que es increíble!
Leonor siempre había tenido dificultades para resistirse al entusiasmo de Jessica Fuentes, así que sonrió y asintió: —De acuerdo, cuando termine, te contacto.
—¡Trato hecho!
Jessica Fuentes levantó el meñique, insistiendo en sellar el trato.
Leonor, resignada pero divertida, enganchó su dedo con el de ella, una rara expresión de relajación apareció en sus ojos.
La primera cena de Leonor fuera de casa tras su regreso terminó de forma tan agradable.
Dos días después.
En la entrada de Parque Prime, los guardias y el personal de seguridad estaban en alerta máxima, deteniendo a un grupo de personas de aspecto amenazador.
—¿Saben quiénes somos? ¿Se atreven a detenernos?
La voz aguda de la madre de Leonor rompió el aire. Con sus tacones altos y un maquillaje impecable, su rostro estaba lleno de ira y miraba a los guardias con desdén.
—¿Esa mocosa de Leonor vive aquí? ¡Que salga de una vez!
El jefe de seguridad, con rostro serio, no cedió ni un ápice: —Disculpe, señora, sin el permiso del propietario, no podemos permitir la entrada de extraños.


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