El rostro del padre se puso lívido y golpeó la mesa con fuerza: —¡Esa hija ingrata! ¡Lo hace a propósito para vengarse de nosotros!
La madre también entró en pánico.
—¿Y ahora qué hacemos? ¡No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras ella destruye a nuestra familia!
Julián Sandoval entrecerró los ojos, pensando en la cercanía entre David y Leonor en el aeropuerto.
—Creo que por ahora no deberíamos hacer nada precipitado.
—Al menos, primero tenemos que averiguar qué tipo de relación tienen Leonor y David.
—Para evitar que Leonor cometa un error irreparable.
El padre se calmó y, tras reflexionar un momento, consideró que Julián tenía razón.
Mientras Luna Ramos no recuperara por completo la memoria, su compromiso con la familia Ramos no sería tan fácil de romper.
Además, se conocían desde hacía tantos años que no llegarían a romper relaciones.
En cambio, Leonor…
Esa hija rebelde siempre había actuado por su cuenta, sin dejar margen a los demás.
Si dejaban que siguiera enredada con la familia Cillin, sí que podría haber problemas.
—Tienes razón, lo de los Ramos puede esperar. Ahora lo más importante es mantener la calma con el Grupo Cillin.
La madre se mordió el labio, indecisa.
—Entonces… ¿deberíamos ir a hablar con Leonor?
—¿Hablar?
Julián Sandoval soltó una risa fría. Recordar la actitud de Leonor en el aeropuerto le revolvía el estómago.
—Ahora que tiene el respaldo de David, no nos escuchará.
El padre dijo con voz grave: —Nos escuche o no, tenemos que intentarlo. Al fin y al cabo, es de la familia Sandoval, no puede quedarse de brazos cruzados viendo cómo su propia familia se arruina, ¿verdad?
Tania también bajó la cabeza, su voz sonaba dolida.
—Si Leonor de verdad nos odia… entonces iré a suplicarle yo. Mientras esté dispuesta a perdonar a la familia Sandoval, haré lo que sea…
—Vivimos en el mismo complejo, incluso uno encima del otro.
—No hay necesidad de gastar ese dinero.
El tono de David era tranquilo, pero no admitía réplica.
Leonor frunció los labios, y antes de que pudiera decir nada, David ya le había cogido la maleta y se dirigía hacia la salida, como si estuviera seguro de que lo seguiría.
Ella dudó un instante, pero finalmente se puso en marcha y lo siguió.
El coche de David se dirigió a Parque Prime. El interior estaba en silencio, solo se oía el suave ronroneo del motor.
Leonor, sentada en el asiento del copiloto, vio de reojo los largos dedos del hombre sobre el volante, de nudillos bien definidos, que transmitían una sensación de elegancia y frialdad.
Apartó la vista y, sin darse cuenta, empezó a juguetear con el cinturón de seguridad. Su corazón latía extrañamente rápido.
El coche entró en el aparcamiento subterráneo de Parque Prime. David aparcó y fue al maletero a sacar la maleta de ella.
En el ascensor, estaban uno al lado del otro. El aire estaba tan quieto que se oía la respiración de ambos.

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