Desafortunadamente, en el último momento, tuvo que salir de viaje de negocios.
Un momento...
La mirada de David se agudizó. Un pensamiento cruzó su mente.
La nieta de la abuela Vargas había heredado sus habilidades médicas.
La figura y la espalda de Leonor eran tan parecidas a las de la señorita Vargas.
Además, estaba la identidad de «L». ¿No era precisamente por el medallón de la abuela Vargas en la red oscura y por sus habilidades médicas idénticas que se la consideraba la sucesora de la «médica milagrosa»?
Incluso si L no era la verdadera sucesora, tenía que tener alguna conexión con la abuela Vargas.
¿Podría haber alguna relación entre estas tres personas?
Reflexionó un momento y finalmente dijo: —Volveré en una semana.
El abuelo se alegró al instante: —¡Bien, qué bien! ¡Esta vez no vayas a dejarla plantada de nuevo!
David respondió con un escueto «Mmm» y colgó.
La noche era profunda. En el estudio de la mansión solo brillaba una tenue lámpara de escritorio.
David estaba de pie junto al ventanal, con un cigarrillo apagado entre los dedos, mirando la oscuridad lejana con una expresión sombría.
La pantalla de su teléfono se iluminó. Contestó la llamada, su voz era grave y fría: —¿Qué has averiguado?
Al otro lado de la línea, una voz ronca respondió: —Señor Cillin, hemos perdido el rastro. La otra parte fue muy cuidadosa, borró todas las huellas.
La mirada de David se oscureció, sus nudillos se tensaron ligeramente y el cigarrillo se partió en silencio entre sus dedos.
—Sigue investigando —dijo fríamente—. Cuando Lucas despierte, todo se aclarará.
Antes del accidente, Lucas era su guardaespaldas personal y un hombre de confianza entrenado por la familia Cillin durante años.
Esta vez, el viaje al país Z había ido bien al principio, pero en la víspera de la firma del contrato, la otra parte cambió de opinión repentinamente e incluso conocía de antemano su límite de negociación.
Con la práctica, la velocidad de Leonor con la acupuntura aumentaba día a día.
El tratamiento de hoy incluso terminó dos horas antes de lo habitual.
La herida de Lucas ya se había estabilizado; solo necesitaba descansar.
Al volver al hotel después del trabajo, Leonor respiró hondo, se quitó la máscara de látex y el distorsionador de voz.
Se soltó el pelo y su larga melena negra cayó como una cascada.
Miró el reloj y vio que el cielo aún estaba claro. Por una vez, sintió el impulso de salir a pasear, aprovechando que tenía tiempo libre.
Después de todo, había comprado tanta ropa nueva en su país, tenía que estrenarla.
Decidida, se arregló un poco el pelo, sacó su neceser de maquillaje, se perfiló las cejas y se aplicó un toque ligero de brillo de labios.
Media hora después, una belleza de aspecto frío y sereno estaba lista.

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