Ethan se frotó las sienes y le dijo al médico: —Ya no es nada, pueden retirarse—.
Cuando se fueron, Tania preguntó con cautela: —Ethan, ¿Leonor... instaló un sistema de alarma en la habitación de tu hermana?—.
El rostro de Ethan se ensombreció ligeramente: —Sí—.
Tania fingió sorpresa: —¿Cómo pudo hacer eso?—.
—Aunque sé que la intención de Leonor probablemente era por el bien de Luna, pero... ¿no es esto una clara muestra de desconfianza hacia la familia Ramos?—.
Tania se tapó la boca, como si se diera cuenta de que había hablado de más.
—Ethan, no me hagas mucho caso, solo lo decía por decir—.
—Seguramente Leonor, después de pasar cuatro años en la cárcel, tiene mucho miedo de que le pase algo a Luna y por eso es tan precavida—.
Ethan no dijo nada, pero su mirada se enfrió notablemente.
Esa pizca de buena voluntad que había surgido en su corazón por la mejoría de Luna gracias al tratamiento de Leonor, se desvaneció en un instante.
Tania tenía razón en todo lo que decía.
Leonor, ciertamente, se había excedido.
Incluso si era por la seguridad de Luna, ¡debería habérselo comunicado antes!
¿Qué sentido tenía hacerlo a sus espaldas? ¿Acaso de entre todos ellos, solo ella se preocupaba de verdad por Luna?
Tania, observando su expresión, se alegró por dentro y añadió más leña al fuego: —Ethan, no te enfades, seguro que Leonor no lo hizo a propósito—.
Si eso no era a propósito, ¿qué lo sería?
Ethan dijo con frialdad: —Hablaré con ella—.
Por otro lado, Leonor, que había estado estudiando hasta altas horas de la noche y se disponía a dormir, recibió una notificación de la alarma de la habitación de Luna en su móvil.
Para cuando Leonor llegó al sanatorio, Tania ya había conseguido calmar a Ethan.
Al verla llegar.
—¡Ella dice cualquier cosa y tú te lo crees, sin pensarlo dos veces!—.
Ethan se quedó perplejo.
—Este sistema de alarma solo se activa cuando los signos vitales del paciente están en peligro—.
—¡Si fuera una simple 'visita', no habría sonado en absoluto!—.
La habitación se sumió en un silencio sepulcral.
El ceño de Ethan se frunció aún más, y su mirada se dirigió involuntariamente hacia Tania.
El corazón de Tania latía con fuerza, pero su rostro se mostraba cada vez más ofendido, mientras las lágrimas caían sin cesar: —Ethan, de verdad que solo estaba preocupada por Luna... Ella... ella siempre ha tenido prejuicios contra mí, por eso me acusa de esta manera...—.
De repente, levantó la cabeza y, con los ojos enrojecidos, cuestionó a Leonor: —Si tu sistema de alarma es tan bueno, ¿por qué no lo promocionas en todos los hospitales? ¿Por qué lo instalaste solo en la habitación de Luna? ¿Acaso ya tenías planeado tenderme una trampa?—.
Al oír esto, la expresión de Ethan se relajó ligeramente.

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