¡Cómo no iba a odiarla!
David no dijo nada, simplemente la observó en silencio, como si esperara que continuara.
Leonor guardó silencio por un momento y de repente sintió que no tenía nada que ocultar. Al fin y al cabo, su historia ya no era un secreto en su círculo social.
—Soy la hija biológica de la familia Sandoval.
Su tono era tranquilo, como si hablara de otra persona. —Hace veinte años, hubo un error en el hospital y nos intercambiaron. Tania se convirtió en la heredera de los Sandoval, y a mí, el padre biológico de Tania me abandonó. Fui adoptada por una amable pareja de campo.
La mirada de David se movió, claramente sorprendido.
La familia Sandoval pertenecía a un estrato social medio-alto. David había oído rumores sobre ellos, pero nunca les había prestado atención.
—Más tarde, los Sandoval descubrieron la verdad y me llevaron con ellos —dijo con una leve sonrisa, pero sus ojos no tenían calidez—. Por desgracia, a ellos nunca les importó el linaje, sino la hija que les daba prestigio.
David frunció el ceño ligeramente. —Entonces, José y Jaime...
—Son mis hermanos, en teoría —respondió Leonor con sarcasmo—. Pero para ellos, la única hermana que tienen es Tania.
David recordó la actitud de José y Jaime hacia Leonor las veces anteriores y su mirada se ensombreció.
—¿La familia Sandoval te aceptó de vuelta, pero no te trató bien? —su voz era grave, con un toque de frialdad apenas perceptible.
David pensaba que la familia Sandoval tenía algún problema. Recuperar a su hija biológica, a su hermana, y en lugar de compensarla, ¿la maltrataban? Con razón la posición de los Sandoval no había mejorado en todos esos años.
Leonor sonrió, sus ojos reflejaban una indiferencia total. —Me aceptaron de vuelta solo porque no podían negar el lazo de sangre. Pero emocionalmente, hacía tiempo que habían adoptado a Tania como su verdadera hija.
Hizo una pausa, su tono era tan tranquilo que resultaba casi cruel. —Los señores Sandoval son extremadamente orgullosos. Más que la sangre, les importa quién les puede traer honor. Tania fue educada con esmero desde pequeña, es elegante, refinada, una dama alabada por todos. Y yo...
La actitud de Leonor era tan serena que David no pudo evitar preguntar.
—¿Los odias?
—¡Claro que los odio!
Leonor levantó la vista, un destello de frialdad cruzó por sus ojos, pero enseguida se calmó. —Pero hasta que no tenga el poder para vengarme, no merecen que malgaste mis emociones en ellos.
David la miró, pero en lugar de asustarse por su resentimiento, sintió una oleada de admiración.
Eso de poner la otra mejilla era una tontería.
En el mundo de los negocios, quien pone la otra mejilla acaba devorado hasta los huesos.

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