—Lo del estofado fue de paso.
Al mencionar la boda, la mano de Ethan que sostenía la cuchara se tensó ligeramente.
A través del vapor, vio la mirada expectante de Tania, llena de una alegría cautelosa.
—Lo de los invitados, arréglalo con mi madre.
Para disimular su turbación, Ethan bajó la cabeza y probó una cucharada del estofado, elogiándolo: —Está delicioso.
Los ojos de Tania se iluminaron, pero luego se apagaron de nuevo.
—Ethan, la última vez acordamos que participarías activamente en la planificación de la boda.
—Pero últimamente, o has estado ocupado con la empresa o con Luna.
Tania se mordió el labio. —Si te has arrepentido, todavía estás a tiempo de…
—Tania.
Al sacar el mismo tema de nuevo, Ethan la interrumpió, su voz teñida de resignación.
—Te dije que me casaría contigo, y lo haré.
—Últimamente no es que no haya querido pasar tiempo contigo, es que la empresa me absorbe. Por favor, compréndeme, ¿sí?
Los ojos de Tania se llenaron de lágrimas rápidamente. Se giró para secarse una lágrima.
—Ethan, es que te quiero demasiado.
—Cuanto más se acerca la boda, menos real me parece. ¿De verdad voy a ser tu esposa?
—Esta inseguridad mía, ¿te está agobiando?
Ethan la miró, viendo cómo sus hombros temblaban ligeramente. Recordó sus cuidados incondicionales durante los últimos cuatro años, recordó su paciencia cada vez que iba a la clínica a visitar a Luna.
Además, la sensibilidad y la inseguridad actual de Tania eran por su culpa.
Ethan suspiró y le dio una suave palmadita en el dorso de la mano: —No pienses demasiado.
Tania aprovechó para tomarle la mano, y una lágrima cayó justo a tiempo sobre el dorso de la suya.
—Quizás cuando la boda se celebre, todo irá mejor.

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