Ella intentó soltarse, pero David no la dejó.
La sujetó firmemente por la muñeca, y Leonor no pudo liberarse.
—David, suéltame…
Susurró, con las orejas ligeramente rojas.
Don Cillin ya estaba tratando de emparejarlos.
Si los veían así.
¡Leonor podía imaginar lo que malinterpretarían!
El hombre la miró de reojo, con una leve sonrisa en los labios: —No la suelto.
Lo estaba haciendo a propósito.
Leonor, resignada, se dejó llevar por él, atravesando el pasillo hasta volver al salón de banquetes.
Y entonces, se encontraron de frente con Don Cillin, Elisa y…
Una Jessica Fuentes con cara de emoción.
En el momento en que los vieron, el aire pareció congelarse por un segundo.
Don Cillin abrió los ojos de par en par, su mirada descendió lentamente hasta sus manos entrelazadas, y su bigote tembló.
—Ustedes dos…
¿Tan rápido habían avanzado las cosas?
Ni él, el viejo, se había dado cuenta.
Elisa también se quedó perpleja, pero luego una sorpresa agradable apareció en sus ojos.
—David, tú y la doctora Sandoval…
Jessica Fuentes, a un lado, contenía la risa a duras penas, casi con un cartel en la cara que decía: «¡Mi pareja favorita se hizo realidad!».
David, con total naturalidad, apretó un poco la mano de Leonor: —Sí, nos conocemos.
Leonor: …
Esa explicación era demasiado escueta.
Don Cillin y Elisa se miraron.
Entonces, Don Cillin fue el primero en actuar.


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