«Qué señora jefa, una mocosa engreída».
«Ya es mucho que te venda mis hierbas, ¡y encima te atreves a rechazarme!».
...
De vuelta en la Clínica Claridad, Leonor acababa de estacionar el coche cuando sonó su celular.
Era uno de los proveedores de hierbas con los que había colaborado antes.
—Srta. Sandoval, ¿he oído que ha estado hoy en el mercado? ¿Qué tal, ha cerrado ya los pedidos?
El tono del otro lado era entusiasta.
Leonor le contó brevemente la situación.
Al oír que Leonor había rechazado al dueño de Aroma de Hierbas, el tono de la otra persona se volvió extraño al instante.
Leonor notó claramente que algo no iba bien y le preguntó si pasaba algo.
El dueño del puesto de hierbas suspiró y le contó a Leonor.
Que el dueño de Aroma de Hierbas era pariente del director de la agencia reguladora del mercado de hierbas. Ya tenía la costumbre de subir los precios en el último momento.
Pero la gente, sabiendo su conexión con la agencia reguladora, hacía la vista gorda.
Quién iba a pensar que esta vez se encontraría con alguien tan testaruda como Leonor.
El dueño del puesto le aconsejó a Leonor que no tensara demasiado la relación con el dueño de Aroma de Hierbas, si quería seguir comprando hierbas en su mercado en el futuro.
Leonor no le dio importancia a las palabras del dueño del puesto. Al fin y al cabo, no era el único mercado de hierbas en la ciudad A.
Había muchos mercados de hierbas en la ciudad A, ¿cómo no iba a encontrar hierbas?
Pero quién lo iba a decir.
Unos días después, Leonor recibió varias llamadas.
Eran de los proveedores del mercado de hierbas con los que había acordado la compra.
—Doctora Sandoval, lo siento mucho... el lote de angélica que pidió, no podemos suministrárselo por ahora.
Al otro lado del teléfono, el tono del dueño era incómodo, como si se sintiera mal por echarse atrás en un acuerdo ya cerrado.



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