Jessica estaba en shock, no entendía cómo Leonor podía actuar con tanta calma.
—¡Fue un accidente de coche!
—Leonor, ¿cómo puedes estar tan tranquila?
—Además, reaccionaste muy rápido. Si te hubiera golpeado, no serían solo unos rasguños.
Emma también sintió un miedo retrospectivo por Leonor.
—Jessica tiene razón, doctora Sandoval. Eres demasiado despreocupada.
—Un accidente de coche es algo serio, deberías haber venido al hospital a hacerte unas radiografías.
—¡Exacto!
Exclamó Jessica, indignada.
—Si mi mamá y yo no te hubiéramos obligado a venir al hospital, ¿acaso pensabas irte a casa y tratarte tú misma de cualquier manera?
Leonor no dijo nada. Claramente, ese había sido su plan original.
—Y la gente de ahora... ¿acaso compraron sus licencias de conducir? ¿Cómo manejan? No se hacen responsables ni de la seguridad de los demás ni de la suya propia.
La boca de Jessica era como una ametralladora, disparando sin parar.
El médico, escuchando cómo regañaban a Leonor, le sugirió que sería mejor hacerse una radiografía para descartar cualquier lesión interna en órganos o articulaciones.
Leonor no quería. Era médica, conocía su propio cuerpo y sentía que no era necesario perder tiempo en una radiografía.
Pero en cuanto lo dijo, recibió las miradas fulminantes de las tres.
Ante las tres miradas de reproche, Leonor optó por el silencio. No dijo nada.
Hablar de más solo empeoraría las cosas.
«Que me hagan la radiografía, pues».
Los equipos de imagenología del hospital eran muy avanzados.



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera Salió del Infierno