El corazón de Sierra dio un vuelco al escuchar eso, y apreció sinceramente la amabilidad de Oscar.
—Gracias, doctor Zahn. Me retiro.
Con ese comentario, Sierra se puso de pie sin hacer referencia a las palabras anteriores. Su rechazo era evidente. Oscar no pudo ocultar su decepción, pero mantuvo la profesionalidad:
—Siempre eres bienvenida para discutir la condición de tu abuela conmigo.
Sierra asintió en señal de agradecimiento y se despidió.
Al salir del hospital, decidió pasar por el supermercado para comprar artículos de primera necesidad. Dickson llegaría al día siguiente, y la casa no podía estar completamente vacía. El departamento de Bradley tenía la apariencia de una casa modelo impersonal. Durante los últimos días que había estado sola, no le había importado, pero ahora todo debía cambiar. Después de todo, este sería su verdadero hogar. No solo para ella y Dickson, sino también para Lily cuando finalmente se mudara con ellos.
Mientras recorría los pasillos del supermercado, su teléfono sonó inesperadamente. Era una llamada de la escuela solicitando su presencia inmediata. Sierra no sabía qué había sucedido, pero un mal presentimiento se instaló en su estómago.
Al llegar, encontró al decano y dos subdirectores esperándola. La gravedad de sus rostros confirmó sus sospechas: esto no era un asunto menor. Antes de que pudiera preguntar, el decano fue directo al grano:
—Sierra, ¿has considerado retirarte de la escuela?
Sierra arqueó una ceja, sorprendida por la sugerencia.
—¿Retirarme? ¿Por qué?
Al ver su reacción, el decano no pudo evitar decir:
—¿No te das cuenta de los problemas que has causado a nuestra escuela? Tampoco queremos hacer esto, pero la situación se ha salido de control. Miles de estudiantes y padres están quejándose. Esperamos que lo entiendas.
Al escuchar esto, Sierra finalmente comprendió lo que había estado sucediendo estos últimos días. Sacó su teléfono y revisó el foro de la escuela, entendiendo rápidamente la situación. Denise realmente era su némesis, causándole problemas incluso cuando no estaban juntas.
Guardando su teléfono, Sierra miró a los administradores de la escuela.
—No me voy a retirar. Si no pueden soportarme, son libres de irse.
Los administradores no esperaban que dijera eso. Por un momento, se quedaron atónitos.
Sierra curvó ligeramente los labios en una sonrisa irónica.
—Después de todo, no soy yo quien no puede quedarse aquí, ¿verdad?

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