La abuela de Sierra había vivido lo suficiente para unir las piezas. Miró a los hermanos Xander y luego a Sierra, sus ojos llenos de dolor.
—¿Cómo llegó a esto? Siempre me decías que estabas bien en la familia Xander. Nunca lo dudé. Pensé: son tu verdadera familia, tus padres biológicos, tus verdaderos hermanos. Tratan tan bien a Denise; ¿por qué no te tratarían igual? Nunca supe que estabas sufriendo tanto. Debí haber hecho más preguntas. Debí haberte visitado más. Pero tenía miedo... miedo de que pensaran que estaba entrometiéndome, miedo de que si me mantenía demasiado cerca, lo usarían en tu contra... Así que me alejé. Es mi culpa. Te dejé pasar por todo el dolor sola. Sierra...
Extendió una mano trémula, y Sierra se apresuró a sostenerla. Un nudo se formó en su garganta mientras sus ojos se humedecían. Las palabras de su abuela despertaron demasiados recuerdos.
Cuando llegó a la casa de los Xander, se sentía como una intrusa. Llamaba a su abuela solo para escuchar una voz conocida, aunque nunca confesó su tristeza. Solo le decía que la extrañaba. Y su abuela la reconfortaba: «Ellos son tu verdadera familia. Intenta llevarte bien. Al final, los padres siempre aman a sus hijos».
Lo había creído ciegamente. Incluso cuando la enviaron a prisión, seguía creyéndolo. Pero la vida le enseñó cruelmente que no todos los padres aman a sus hijos. Los lazos de sangre no garantizan afecto.
—Sierra, fue mi culpa —la voz de su abuela se quebró, las lágrimas asomando en sus ojos cansados.
Cuando los Xander recuperaron a Sierra, ella se sintió aliviada. Al menos su nieta no sufriría más con su madre. Pero ahora comprendía la verdad. Había huido de un infierno para caer en otro.
Y todo este tiempo, había estado preocupada por Denise... preocupada de que el regreso de Sierra hiciera las cosas difíciles para Denise. Cuando en realidad, la que había sufrido era Sierra.
Al ver la autoculpa en el rostro de su abuela, Sierra apretó su mano fuertemente.
—Abuela, no hiciste nada malo. Ya basta de lágrimas. Ya pasó. Es solo algo por lo que tuve que pasar.
De alguna manera, debería agradecer a su supuesta familia. Si no fuera por ellos, tal vez nunca habría despertado.
Bradley y Evan se quedaron allí, en silencio. Las palabras de su abuela resonaban en sus oídos, dejándolos incapaces de responder. Después de una larga pausa, ella finalmente los miró y dijo:


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