Los estados de ánimo de Shane eran impredecibles, cambiando salvajemente sin previo aviso. Justo entonces, Sierra oyó a Shane mencionar a Jonathan.
—Pensé que tal vez te alinearías con ese pobre Sr. Yeager. Ah, espera, puede que no sea tan pobre.
Claramente, los antecedentes de Jonathan no eran un detalle menor si ni siquiera Shane podía descubrir su historia familiar.
Al escuchar el nombre de Jonathan, Sierra se puso en guardia instantáneamente:
—Esto no tiene nada que ver con el Sr. Yeager.
La sonrisa burlona de Shane se transformó en una línea recta, luego se curvó de nuevo:
—Así que, ¿has encontrado rápidamente a alguien nuevo a quien proteger?
Levantó su mano izquierda, doblando los dedos uno por uno:
—Tu abuela, Jonathan, ah, y ese chico que casi muere jugando. ¿No has aprendido nada en tres años adentro? Cuanto más te importa algo, más pierdes al final. ¿No te lo he enseñado? ¿Por qué no puedes entenderlo?
Las palabras de Shane arrastraron a Sierra de vuelta a recuerdos dolorosos.
En aquel entonces, era el blanco de todos, sola y aislada. Cuando llegaba una nueva reclusa —siempre el objetivo principal de los abusos— Sierra veía a su antiguo yo en ellas. No podía evitar tender la mano, lo que solo la convertía en un blanco más grande.
Hubo momentos en que consideró rendirse, pero al ver a aquella joven despojada de su dignidad y maltratada, no pudo permanecer indiferente. Las cicatrices que marcaban sus brazos eran testimonio de uno de esos encuentros: una herida profunda que necesitó más de veinte puntos de sutura.
Tras recibir el alta médica, nunca volvió a encontrarse con esa muchacha. Había asumido que la habían trasladado a otro centro, hasta que la reconoció en aquellos videos, irreconocible y posiblemente trastornada por el trauma. Kason, aquel monstruo, la había utilizado sin compasión alguna. El video mostraba que seguía con vida al finalizar, pero su destino posterior permanecía envuelto en misterio.
Intuyendo que Sierra reflexionaba sobre aquella chica, Shane dejó que su mirada se deslizara sobre las cicatrices que marcaban el brazo de Sierra antes de hablar con deliberada lentitud:



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