Entrar Via

La Heredera del Poder romance Capítulo 2861

Helena pisó el acelerador sin pensarlo dos veces.

Ya solo faltaban doscientos metros.

Ese trayecto que normalmente les habría tomado una hora, lo recorrieron en poco más de veinte minutos, gracias a la velocidad de Helena.

—Señor Sirras, ya llegamos —dijo mirando de reojo a Arsenio.

Arsenio, que iba recostado medio dormido contra la ventana, abrió los ojos de golpe al escucharla.

—¿Ya estamos aquí?

—Sí —afirmó Helena con una sonrisa—. Pero el señor Sebas y la señorita Yllescas todavía no llegan.

Eso no sorprendió a Arsenio. Apenas había pasado media hora. Seguramente Gabriela todavía iba en camino. Si lograba llegar antes, sería un milagro.

—¿Dónde nos quedamos a esperar a la señorita Yllescas? —preguntó Helena.

—Espera un momento.

Arsenio sacó su celular y llamó a Sebastián. No tardaron ni un segundo en contestar.

—¿Vacuus? —saludó Sebastián, con su voz tranquila de siempre—. ¿Qué pasa?

—¿Cuánto les falta para llegar? —preguntó Arsenio.

Sebastián, con voz baja, respondió:

—Mira detrás de ti.

¿Detrás? ¿Cómo que detrás?, pensó Arsenio, confundido. Se giró para ver.

Y ahí mismo se quedó helado.

Sebastián y Gabriela ya estaban sentados en la cafetería de la esquina, tomando algo tan tranquilos.

Al verlos, Arsenio abrió los ojos como platos, colgó el teléfono y corrió hacia ellos.

—¡Vacuus! ¿Cuándo llegaron?

—Hace unos diez minutos —contestó Sebastián, sin inmutarse.

¿Diez minutos? Eso quería decir que Sebastián y Gabriela habían tardado apenas doce minutos en llegar. ¡Eso era imposible!

—¿En serio llegaron hace diez minutos? —preguntó Arsenio, sin creérselo.

—Sí —asintió Sebastián, apenas moviendo la cabeza.

En ese momento llegó Helena, todavía sorprendida.

—¡Entonces la camioneta que vimos en el camino sí era la de la señorita Yllescas!

¡Madre mía! No podía creerlo. La persona que había visto era Gabriela.

—Señorita Yllescas, ¡usted sí que sabe disimular! —le dijo Helena a Gabriela, con una mezcla de admiración y asombro.

—Gracias por tu cariño —respondió Gabriela, sonriendo.

En ese momento, Helena se convirtió en la fan número uno.

—¿Y por qué dejaste de correr? —le preguntó, casi suplicante.

Gabriela contestó con naturalidad:

—Las carreras siempre han sido solo un hobby para mí.

Arsenio, que observaba la escena a un lado, no podía creer lo que veía.

De verdad que una se lo cree todo y la otra lo admite sin problema, pensó, medio divertido, medio incrédulo.

Helena, que siempre parecía tan lista, ahora estaba como una chiquilla emocionada, casi tonta de la felicidad.

Arsenio no pudo evitar mirar a Sebastián con cierta burla. Cada vez entendía menos cómo Sebastián podía interesarse en una chica tan... superficial.

Era para preocuparse.

Se acercó a Sebastián y le habló en voz baja:

—Vacuus, ¿tú venías manejando ese carro?

Ya empezaba a sospechar quién había estado al volante. Después de tantos años con Sebastián, sabía bien de lo que era capaz al volante. En el mundo de las carreras, Sebastián y la mítica La Chita eran leyendas vivientes. Lo de hace un rato, ese derrape imposible, solo alguien como Sebastián podía hacerlo.

Lo que Arsenio nunca imaginó fue que Sebastián llegaría tan lejos por una mujer.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera del Poder