Entrar Via

La Heredera del Poder romance Capítulo 2851

—¿Por qué no necesitas? —preguntó Arsenio, curioso.

—Somos diferentes —respondió Sebastián, directo y sin rodeos.

Arsenio se quedó unos segundos en silencio antes de decir, medio frustrado:

—¡Pero si los dos somos hombres! ¿Qué tiene de diferente?

Sebastián miró al horizonte y respondió:

—La diferencia es que yo tengo a mi novia, que me puso el bloqueador con sus propias manos. Y tú... —se giró para mirarlo con una sonrisa burlona—, sigues soltero, amigo.

Arsenio solo pudo quedarse callado, con cara de resignación.

Tras decir esto, Sebastián siguió caminando hacia adelante.

Arsenio, ya decidido, guardó sus gafas de sol y salió corriendo para alcanzarlo.

—Oye, Vacuus, así como vas me pones nervioso.

—¿Por qué? —preguntó Sebastián.

—Porque me da miedo que, después de tanto tiempo solo, termines cayendo en una trampa —dijo Arsenio.

Sebastián jamás había tenido una novia ni mucha experiencia con mujeres, así que para Arsenio era fácil imaginar que alguien podría engañarlo.

Aunque todavía no conocía a la famosa novia de Sebastián, su primera impresión sobre ella no era muy buena.

Simplemente, Sebastián la defendía demasiado.

Ni siquiera la conocía bien y ya andaba como su protector. ¿De verdad la conocía?

Arsenio siempre había creído en esa frase popular: "A una mujer se la conoce de verdad en la cama".

—Nadie puede engañarme —respondió Sebastián, volviendo la cara apenas—, a menos que yo quiera que me engañen.

Arsenio se quedó pensativo.

—¿Entonces alguna vez te han engañado?

—No.

—¿Y si esa chica de verdad no te ha mentido, por qué confías tanto en ella? ¿Por qué eres tan bueno con ella?

—Porque lo vale —contestó Sebastián, palabra por palabra, con firmeza.

Arsenio ya no supo qué más decir.

—Eso solo lo puede decir alguien que nunca ha sido engañado por una mujer, Vacuus. Mejor cálmate, sal con ella un rato y no te aceleres con lo del matrimonio.

—Vine hasta Mar Austral justamente para pedirle matrimonio —admitió Sebastián, girando el rosario entre los dedos.

—¿¡Matrimonio!? —Arsenio abrió los ojos como platos.

Sebastián asintió levemente.

—Pues piénsalo bien —siguió Arsenio—. ¿No puedes esperar a que la conozca primero antes de pedirle matrimonio?

—Te dije que tengo que preguntarle para pedir permiso —respondió Sebastián.

Arsenio ya ni sabía qué decirle.

¿En qué momento el siempre confiado y calculador señor Sebas se volvió así?

Definitivamente, las mujeres eran peligrosas…

—¿Y cuándo crees que te den ese permiso? —preguntó Arsenio.

—Depende del humor de la jefa —contestó Sebastián, esbozando una ligera sonrisa.

—¿La jefa? —Arsenio lo miró con los ojos entrecerrados— ¿Te refieres a tu novia?

—Ajá.

Arsenio ya no supo si reír o llorar.

Había pasado mucho desde la última vez que cruzaron palabras, probablemente hacía un año.

—Sí, mucho tiempo —respondió Vicente—. ¿Viniste sola?

—No, vine con mi novio —respondió ella.

Vicente sonrió:

—¿Y cuándo será la boda? Ese día te llevo un regalazo.

—¿De verdad? —Gabriela rió.

—Palabra de hombre.

Gabriela pensó que bromeaba, así que le siguió la corriente:

—Bueno, cuando me case te aviso.

—Hecho, palabra de honor —dijo Vicente.

Gabriela lo miró y preguntó:

—¿Y tú?

—¿Yo qué? —preguntó Vicente.

—Sí, ¿cuándo te animas a casarte tú?

Vicente miró hacia el mar y, con voz tranquila, dijo:

—No hay prisa.

El mar guardaba la luna en sus profundidades.

Y la persona frente a él era la que guardaba en el corazón.

El destino a veces era así: uno pensaba que era solo espectador, pero al final resultaba ser parte de la historia.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera del Poder