Jasmina seguía a Chris en silencio, sin decir una palabra.
Chris entró a la cocina y empezó a enseñarle a Jasmina cómo preparar espaguetis.
La verdad, la receta era sencilla: solo había que poner a hervir agua, echar los espaguetis, esperar a que volvieran a hervir, taparlos un rato, agregar un poco de aceite y sal, y al final añadir algo de salsa de tomate. Así, ya estaban listos para comer.
Pero si de freír huevos se trataba, la cosa era otra para Jasmina. Apenas se descuidaba, terminaba quemando el huevo; además, el aceite en la sartén brincaba por todas partes.
Chris frió un huevo, lo sacó y le cedió el sartén a Jasmina. —A ver, tú intenta con uno —le dijo.
Jasmina asintió, imitando los movimientos de Chris: calentó la sartén, echó el aceite, rompió el huevo y lo puso a freír.
Apenas el huevo tocó el aceite caliente, este empezó a chisporrotear como si fuera una pequeña explosión.
Jasmina se asustó tanto que se le fue el color del rostro y soltó un grito, pero Chris, que ya estaba en la sala comiendo su plato de espaguetis, ni se inmutó.
Al ver que nadie venía a ayudarla, Jasmina no tuvo más remedio que arreglárselas sola.
Cinco minutos después, salió de la cocina con un huevo frito casi negro, completamente quemado.
Chris le dijo: —Todavía queda algo de espaguetis en la olla, sírvete. Y tampoco desperdicies el huevo. Recuerda, aquí no estamos en el sistema estelar S, y tú ya no eres la hija consentida de los Mar.
Al oír esas palabras, Jasmina apretó el plato con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.
Por más humillada que se sintiera, Jasmina sonrió y respondió: —Entendido.
Dicho esto, fue a la cocina, se sirvió los espaguetis y, justo delante de Chris, se comió el huevo frito carbonizado.
Chris la miró sorprendido.
No esperaba que Jasmina fuera capaz de aguantarse así.
Al parecer, la había subestimado.
...
Mientras tanto, en otra parte.
Base Zesati.
Por la reciente crisis en el Estado Luz, Gabriela no se había movido de la base en varios días.
—Señorita Yllescas, ya van cinco días y no hay ninguna novedad en el Estado Luz —dijo el ingeniero Jaso, acercándose a ella—. ¿No estaremos viendo fantasmas donde no hay nada?
Si el Estado Luz realmente presentaba algún invento revolucionario al mundo, serían ellos los que quedarían en ridículo.
Aunque no era tan veloz como una nave espacial, este vehículo podía alcanzar hasta 6,000 kilómetros por hora. Con la escasez de energía en la Tierra, Gabriela rara vez autorizaba su uso a menos que fuera muy necesario.
Podían extraer energía de los ocho planetas del sistema solar, pero abusar de esto podía desbalancear los recursos del sistema entero.
Menos de una hora después, la nave aterrizó en el límite del Estado Luz, justo en el Bosque Rojo.
Allí se tenía que construir la línea de defensa.
Sería como un domo transparente cubriendo el Estado Luz, aislándolo del resto de los países.
Las condiciones en el Bosque Rojo no eran ideales. Pero Gabriela, caminando entre un grupo de hombres, nunca se quedó atrás; incluso ayudó a su joven asistente, que ya iba al borde del colapso.
Tras inspeccionar el bosque, Gabriela y el equipo regresaron a la base cercana para trabajar hombro a hombro con los técnicos de otros países y avanzar toda la noche en la construcción de la defensa.
—La doctora YC es increíble —decía alguien.
—A veces pienso que en realidad es un hombre —comentaba otro.
—Yo también lo he pensado.
Afuera del laboratorio, los líderes de las distintas bases miraban a Gabriela y a los demás trabajar sin descanso, y no podían evitar comentar con admiración.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera del Poder
Buen dia, habia entendido que la novela era gratis, gracias 😊...
Buen dia...