Gabriela ni siquiera había hecho una investigación a fondo, ¿cómo podía entonces juzgar si el resultado sería bueno o malo?
No se podía basar solo en lo que decía de palabra.
A fin de cuentas, Gabriela era joven y no sabía ocultar nada. Si hubiera usado otro enfoque, quizás Mario la habría escuchado.
Pero Gabriela hablaba de "elementos peligrosos". ¿No era eso alarmismo puro?
¿De verdad creía que él era tan fácil de engañar?
Gabriela no cambió de expresión. —Señor Mario, espero que me escuches con atención. Si no colaboras para destruir esa cosa, y llega el día en que te arrepientas, no hay un botón para retroceder el tiempo.
—Puedes estar tranquila, Doctora YC—respondió Mario con firmeza. —Yo, Mario, jamás hago nada de lo que después me arrepienta.
Si de verdad le hiciera caso a Gabriela, ahí sí que se arrepentiría.
Mientras más se oponía Gabriela a que él continuara con su investigación, más convencido estaba Mario de que el ser extraterrestre traía consigo una energía especial. Seguro que Gabriela quería quedarse sola con esa energía y así crear el tercer gran milagro del mundo.
¡Eso era actuar con mala leche!
¡No por nada los de Torreblanca tenían esa fama!
Gabriela, aunque ya estaba en la cima del mundo científico, seguía sin poder cambiar esa actitud tramposa que traía en la sangre.
Mario añadió: —Sé perfectamente lo que insinúas, Doctora YC. Todos somos viejos zorros, no hace falta que actuemos más.
El mensaje era claro, y hasta llevaba un tono de reto.
Pero Gabriela no se molestó. Si no había entendimiento, mejor no gastar saliva. —Ya te lo advertí. Ese ser que cayó del espacio, si no se maneja con cuidado, puede traer una desgracia total para la humanidad. Si decides destruirlo o no, la decisión es tuya, Mario.
Por suerte, el Estado Luz era una isla. Mientras levantaran una defensa, no afectarían a otros países.
Mario sonrió: —Puedes estar tranquila, Doctora YC. Si de verdad esto se vuelve una calamidad para la humanidad, yo asumo toda la responsabilidad.
—Ojalá cuando llegue el momento sí puedas cargar con ella—contestó Gabriela en un tono tranquilo, pero con palabras que retumbaban.
Mario replicó: —Eso ya no es asunto tuyo, Doctora YC.
Dicho esto, Mario cortó la comunicación y murmuró molesto: —¡Bah, qué tontería!
Pero en su día, no solo ignoraron a Gabriela, sino que hasta se burlaron de ella por "cobarde".
Ahora, el Estado Luz iba por el mismo camino terco que siguió el país C.
—Yo apoyo a la Doctora YC, esto es por la seguridad de toda la humanidad —decía una publicación.
—¡Apoyo total a la Doctora YC!
—¿No son solo unos bichos multicelulares? ¿De verdad puede llegar a ser tan grave? ¿No está exagerando un poco?
—Mira, primero que nada, esa cosa vino del espacio. Nadie sabe en qué puede mutar. Además, el Departamento Internacional dijo que en tres días pasó de ser unicelular a multicelular. ¿Y en tres semanas? ¿En tres meses? ¿O en tres años? Es como criar un tigre en casa, tarde o temprano te muerde.
—Toda la razón, el desastre de Europa fue porque el país C no escuchó a la Doctora YC y luego no hubo quien lo parara. ¡Estado Luz, despierta de una vez! ¡No hagas algo de lo que después te arrepientas!
Lo más llamativo era que, esta vez, el país C, que siempre estaba armando escándalo, no había dicho nada y ahora apoyaba a Torreblanca.
Mario, al leer los comentarios internacionales, solo mostraba una sonrisa de desprecio.
—Estos humanos tan tontos… Ya verán, un día se arrepentirán de lo que están diciendo hoy en internet.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera del Poder
Buen dia, habia entendido que la novela era gratis, gracias 😊...
Buen dia...