—¿La que acaba de salir? —preguntó Sebastián.
—Sí —Gabriela asintió levemente.
—Perfecto, lo resuelvo ya mismo —añadió Sebastián con una sonrisa pícara—. ¡Te prometo que la boda de mi futuro cuñado va a salir de diez!
—Anda, ve —respondió Gabriela, dándole un pequeño gesto de aprobación.
Sebastián se dio media vuelta y salió rápido de la casa.
Jasmina, que era prima de Sue, no le resultaba una desconocida a Sebastián. Sabía muy bien que Jasmina no era una persona común y corriente.
Y si no era una persona común, no podías vigilarla como si nada.
Sentada en la zona VIP, Jasmina empezó a sentirse incómoda. Notó una mirada encima, incluso más de una. Alguien la estaba vigilando.
¿Y ahora qué hacía? ¿Dejarlo todo hasta aquí? No, rendirse así no era para ella.
Pero si seguía, ¿y si la descubrían? ¿Y si la atrapaban?
Mientras dudaba, se puso un caramelo en la boca, y de repente, como si se le prendiera el foco, una sonrisa traviesa le iluminó la cara.
Tenía un plan: iba a hacer que Sue quedara en ridículo y que Adam la dejara plantada frente a todos, sin que nadie notara quién movía los hilos.
Mientras tanto, la boda seguía a pesar del pequeño drama de Jasmina.
Ian se acercó a Lys y le preguntó:
—¿Ya tienes novio, hermanita?
Lys lo miró seria.
—¿Quién te dijo que soy tu hermana?
Ian se rió y dijo:
—Soy compadre de Adam y somos como familia. ¿O quieres que ahora te trate como a un extraña?
Lys no respondió.
—¿Y tu novio? ¿Por qué no vino contigo?
—¿Y a ti qué te importa? —le soltó Lys, fulminándolo con la mirada.
Ian, con su típica cara de buscar pelea, insistió:
—La verdad, yo creo que ni tienes novio.
—¿Quieres saber si tengo o no? Habla claro, no te andes con rodeos —replicó Lys, ya perdiendo la paciencia—. Pues sí, no tengo novio, ¿y qué? ¿Eso te afecta? ¿Te mantengo acaso? ¿O te debo algo? ¿No eres tú también un solterón?
A pesar de que Lys aún era joven, su mamá Amanda ya había empezado a presionarla. Según Amanda, hay que enamorarse cuando toca y estudiar cuando corresponde. El mejor tiempo para enamorarse es entre los 22 y los 26, y si es en la universidad, mucho mejor.
Ian sonrió.
—Mira, justo los dos andamos solteros, ¿por qué no probamos suerte juntos?
—¿Quién dijo que quiero probar contigo? —Lys se lo tomó a broma. Después de todo, Ian siempre estaba molestándola.
Ian, al verla irse, se pasó la mano por el cabello, resignado.
¡Así no se puede! Cuando por fin sentía que podía declararse, algo se interponía.
En eso, Kelvy apareció y le dio una palmada en la espalda.
—¿Y, Ian? ¿Ya la conquistaste?
Ian soltó una risa.
—Estuve a un paso de lograrlo.
—¿Y luego? —preguntó Kelvy, curioso—. ¿Qué pasó?
—Pues que la llamaron y se fue. Justo la dama de honor que te gusta a ti —le contestó Ian, mirando a Kelvy.
—¿Alba? —preguntó Kelvy, animado.
Ian le sonrió.
—Veo que te aprendiste rápido su nombre.
—Por supuesto —dijo Kelvy, un poco presumido.
—¿Y ya tienes su número?
—Todavía no, pero ya casi. Recién me enteré de que Alba y yo compartimos un montón de gustos —añadió Kelvy, entusiasmado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera del Poder
Buen dia, habia entendido que la novela era gratis, gracias 😊...
Buen dia...