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La Heredera del Poder romance Capítulo 2786

Chris intentó tranquilizarla:

—Señorita Mar, no se preocupe. Si el tráfico lo permite, voy a manejar lo más rápido que pueda.

Jasmina no respondió.

La cabeza le daba vueltas, no tenía fuerzas ni para contestar. Jamás en su vida imaginó que llegaría a pasar por un suplicio así.

Como Jasmina guardó silencio, Chris tampoco insistió. Se aferró al volante, callado, atento al camino.

No se sabe cuánto tiempo pasó. Jasmina se encontraba medio desmayada cuando Chris la despertó.

—Señorita Mar, señorita, ¡ya llegamos!

Jasmina abrió los ojos.

—Ya estamos aquí —le dijo Chris.

En cuanto escuchó eso, Jasmina sintió un poco de energía y se incorporó.

Chris la sujetó del brazo:

—Déjeme ayudarla a bajar.

En realidad, Jasmina no soportaba mucho el contacto de Chris. Al fin y al cabo, en el sistema estelar S, él era apenas un criminal. Pero ahora, no tenía ni pizca de fuerza, así que se dejó ayudar.

Chris la acompañó mientras salían del coche. Al respirar el aire fresco, el rostro de Jasmina recuperó algo de color, aunque seguía pálida.

—¡Ugh!

No pudo aguantar más. Jasmina se dobló y vomitó.

Como usualmente solo tomaba bebida nutritiva, su estómago estaba vacío y lo único que expulsó fue ese líquido ácido, amargo y áspero, que le revolvía aún más las entrañas.

Chris la sostenía con una mano y con la otra le daba palmaditas en la espalda, aguantándose las ganas de vomitar él también.

—¿Está bien, señorita Mar?

Vaya, pensó Chris, hasta las mujeres bonitas se ven fatales cuando vomitan.

Jasmina seguía vomitando como si fuera a expulsar el alma. Al final levantó la cabeza, con los ojos desorbitados:

—Llévame adentro a descansar.

—Claro.

Chris asintió y la llevó hacia la casa.

Llevaba tres años en la Tierra. En el sistema estelar S era una persona común y corriente, y aquí en la Tierra, pues lo mismo: alguien más del montón. Durante ese tiempo sobrevivió manejando un taxi sin licencia. El departamento donde vivía era rentado.

Y eso ya era un avance, porque cuando recién llegó, tuvo que mendigar para poder comer.

No todos eran como Gabriela, que a donde fuera, siempre lograba salir adelante y hasta imponerse sobre los demás.

—Señorita Mar, es el agua más pura que pude conseguir —explicó resignado.

Para agradarle, había comprado la mejor agua que podía pagar.

Jasmina frunció el ceño, con una expresión de asco.

—¡Lárgate!

Chris salió del cuarto.

El problema no era el agua de la Tierra. Lo que pasaba era que Jasmina nunca había probado agua verdaderamente pura. Alguien que está acostumbrada a tomar agua contaminada no sabe apreciar lo genuino.

El sistema estelar S era avanzado, sí, pero tanto progreso los había hecho olvidar el medio ambiente. Todo parecía muy bonito por fuera, pero la mayoría de las cosas ni siquiera eran comestibles.

Como dice el dicho: por fuera, oro reluciente; por dentro, puro polvo.

Jasmina miró la espalda de Chris y no pudo evitar sentir envidia, preguntándose si había cometido un error al venir a la Tierra.

Y eso que apenas era el primer día. Si ya se sentía así, ¿cómo iba a aguantar lo que le faltaba?

Acostada en la cama, Jasmina se quedó dormida. Cuando despertó, ya era de mañana.

Se sentó y miró a su alrededor, frunciendo el ceño.

Como el día anterior llegó tan mareada, ni se había fijado bien en el lugar. Ahora que veía todo con claridad, cualquier rincón le parecía desagradable.

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