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La Heredera del Poder romance Capítulo 2779

Saulo y Eliana llegaron apresurados, casi corriendo, y se detuvieron frente a la nave.

Adam abrió la puerta y bajó, sujetando la mano de Sue.

Era sorprendente cómo Sue, esa muchacha que todos recordaban, se había transformado en una mujer hecha y derecha. El cambio era evidente, imposible de ignorar.

Eliana se quedó mirándola, visiblemente sorprendida.

Sue no esperó mucho para hablar:

—Señor y señora Mar, desde el día en que firmamos el acuerdo para cortar lazos, ya no existe nada entre nosotros. ¿A qué vinieron hoy? ¿Qué necesitan de mí?

El corazón de Eliana se encogió. Al escuchar esas palabras tan formales, sus ojos se humedecieron de inmediato.

—Sue, soy tu madre, ¿ya lo olvidaste? Te llevé en mi vientre nueve meses, te crié con mi esfuerzo. Si no fuera por mí, tú no estarías aquí. ¿Así me pagas ahora?

Saulo intervino, con un tono dolido:

—Cuando naciste, eras apenas un pedacito de vida, tu madre te alimentó día y noche. Uno puede carecer de muchas cosas, Sue, pero nunca de corazón. ¿Cómo llegaste a ser tan fría y desalmada?

Adam no pudo quedarse callado y dio un paso al frente:

—¿Y quiénes fueron realmente los insensibles aquí? Cuando decidieron dejar morir de hambre a Sue y fabricar un clon, ¿acaso no pensaron que algún día tendrían que dar la cara?

El tema del clon lo sabía Adam porque don Mar se lo había contado. Si no lo hubiera escuchado con sus propios oídos, jamás habría creído que existían padres tan crueles en el mundo, capaces de poner en peligro a su propia hija y hasta de pensar en una monstruosidad como crear un clon humano.

—Yerno, estás equivocado, ¡de verdad lo estás! —se apresuró a explicar Saulo—. Las cosas no fueron como crees. Puedo aclararlo todo. Todos los padres queremos lo mejor para los hijos. Sue es nuestra hija, la queremos más que a nada en este mundo, ¡jamás la haríamos sufrir! No sé quién te llenó la cabeza con esas ideas, pero te juro que ni tu madre ni yo podríamos hacerle daño a Sue. Todo lo que hacemos es por su bien.

Ahora era el momento de limpiarse las manos y quedar como los buenos de la historia.

Adam era un yerno importante, así que lo que más les importaba era congraciarse con él, que los aceptara.

Saulo continuó:

Saulo intentó arreglarlo:

—Yerno, de verdad, todo fue un malentendido. Hasta fue una broma, nada más. No pensamos que Sue se lo tomaría tan a pecho. Entre familia, ¿quién no hace bromas de vez en cuando? —Y mirando a Sue, le rogó—. Sue, por favor, di algo.

Sue se mantuvo firme:

—¿Qué quiere que diga, señor Mar? ¿Que todo fue mentira? Ya todo pasó, no sigan engañándose ustedes mismos. Sé muy bien por qué ahora actúan diferente: porque Adam ya no es el mismo de antes. ¿No les parece hipócrita?

Y añadió, clara y cortante:

—Ya que están aquí, lo diré de una vez por todas: desde que firmamos ese acuerdo, no somos familia. Les pido que entre todos nos respetemos y guardemos la dignidad.

Saulo y Eliana no esperaban esa reacción. No sabían en qué momento Sue se había vuelto tan distinta.

—Sue —lloró Eliana, sin poder contenerse—, eres nuestra hija mayor. ¿Crees que podríamos olvidarte? Sí, admito que fue una pequeña equivocación, pero ¿de verdad no puedes perdonarnos?

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