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La Heredera del Poder romance Capítulo 2754

Si Brice podía dejarse seducir tan fácilmente por Jasmina, entonces era porque Brice no valía la pena para ella.

Para Bella, que Jasmina apareciera de repente en su vida no era ningún problema, al contrario, hasta lo veía como una oportunidad.

Quería comprobar hasta qué punto Brice estaba realmente comprometido con su relación.

—¿No crees que confías demasiado en ti misma? —le soltó Jasmina a Bella, mirándola de arriba abajo.

Bella sonrió de lado, con un gesto tranquilo.

—¿Ya te cansaste de fingir?

Jasmina no respondió directamente. En vez de eso, replicó:

—Señorita Helenas, espero que recuerdes lo que dijiste hoy. Si después terminas llorando y armando lío, no te va a quedar nada bien.

Bella la miró de frente y le contestó:

—Yo, Bella Helenas, siempre actúo de frente, nunca hago cosas a escondidas ni juego sucio.

Apenas terminó de decirlo, Bella se dio la vuelta y se marchó, dejando a Jasmina con una risita fría.

¿Qué tenía de especial Bella?

¡Ya vería! Pronto, Bella se arrepentiría de todo lo que había dicho ese día.

Más tarde, al regresar al vestíbulo, Jasmina recuperó su actitud amable y educada con Bella, como si nada hubiera pasado entre ellas. Nadie podría imaginar que hacía unos minutos se habían dicho de todo.

No fue sino hasta el atardecer que Adam regresó al hotel.

En el camino, Adam miró a Sue y le dijo:

—Tu abuelo es un tipazo.

Sue levantó una ceja, divertida.

—¿Solo mi abuelo?

—Bueno, es nuestro abuelo —se corrigió Adam.

Sue sonrió.

—¿Y el tuyo? ¿Cómo era?

Adam entrecerró los ojos, como buscando en su memoria.

—La verdad, no lo recuerdo mucho. Creo que tenía mejor carácter que mi abuela… El abuelo Lozano se fue temprano, cuando yo era muy chico y casi no tengo recuerdos de él.

Si el abuelo Lozano hubiera estado al mando de la familia, Rodrigo y Sofía no habrían acabado como terminaron.

El abuelo Lozano era un hombre de mente abierta, que respetaba mucho a los jóvenes y jamás fue de esos que se fijan en el apellido o en la plata.

Él se había enamorado de la abuela Lozano, fue un amor decidido y total, así que siempre la respetó muchísimo.

—Tu abuela también es genial —añadió Sue—. Es justo como imaginaba que sería una abuela.

Adam asintió.

—Con el tiempo suavizó mucho su carácter.

—¿Antes no era así? —preguntó Sue.

Adam volvió a asentir.

—No mucho, la verdad.

Ahora que la abuela Lozano también había fallecido, Sue no quiso seguir con el tema y cambió de conversación.

—En realidad, mi abuela tampoco era muy tierna. Cuando era niña, mi abuelo me consentía un montón, y ella siempre decía que para qué, que al final una hija termina casándose y yéndose. Pero a mi abuelo eso no le importaba, él solo quería darme cariño.

—En mi generación, en la anterior y hasta en la que sigue, en mi familia solo han nacido varones, salvo Gabi y Lys. Es raro, ¿no?

Sue se sorprendió.

—¡Es cierto!

Adam asintió.

—En la familia Lozano, hasta mi generación, solo Gabi ha sido mujer. Es como una maldición, todos tienen hijos varones. Ojalá tú puedas romper esa tradición.

Se quedó pensativo y luego añadió:

—Por eso, si tienes una hija, va a ser como si tuviéramos una joya en casa.

Sue se rió.

—¿En serio?

—Claro —afirmó Adam—. Si no me crees, cásate conmigo y lo compruebas por ti misma.

Sue se sonrojó.

—¿Quién dijo que me quiero casar contigo?

Adam la abrazó por los hombros.

—¿Y ahora qué hago? Si no te casas conmigo, capaz que me quedo solo para siempre…

Del otro lado del hotel, don Mar estaba parado en la puerta, mirando cómo Sue y Adam se alejaban. Se quedó ahí, sin moverse por un buen rato.

Antes, cuando Sue no tenía novio, don Mar se desesperaba porque quería verla con pareja. Ahora que la veía acompañada, no podía dejar de preocuparse…

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