—Oh —dijo Jasmina asintiendo con una sonrisa—, desde hace mucho he escuchado que la señorita Bella Helenas es única, que no hay otra igual. ¡Al fin hoy la puedo conocer en persona!
—Nada del otro mundo —respondió Brice con humildad.
Jasmina no perdió tiempo y continuó:
—Por cierto, la otra vez te escribí para invitarte a tomar un café, ¿por qué no me respondiste?
—¿Me escribiste? —preguntó Brice, sorprendido.
Jasmina asintió:
—¿No lo viste?
—No, la verdad no. A veces Bella revisa mi cuenta y seguro fue ella la que vio el mensaje y se le olvidó decírmelo.
Jasmina sintió que casi se le iba la vida de coraje, pero se aguantó.
No tenía idea de que Brice y Bella ya iban tan en serio.
No importaba.
No importaba, de verdad.
Si algo le gustaba a Jasmina en la vida era un buen reto.
No pensaba rendirse ante Bella tan fácilmente.
Sonriendo, soltó:
—No pensé que la señorita Helenas fuera tan controladora.
Después de todo, ¿qué hombre quería una novia demasiado posesiva? Y menos alguien tan exitoso como Brice.
Don Mar frunció el ceño apenas perceptible y cortó el tema con una sonrisa:
—Bueno, dejemos de estar aquí sentados. ¿Por qué no damos una vuelta por el jardín de atrás?
—Claro —aceptaron todos y se levantaron.
Jasmina no tuvo más remedio que dejar el tema ahí.
Unos minutos después, Brice recibió un mensaje de Bella. Levantó la vista hacia don Mar:
—Abuelo, ya llegó mi novia. Voy a recibirla.
—Ve, ve, no la vayas a dejar esperando —dijo don Mar.
—Está bien —contestó Brice, dándose la vuelta para irse.
Jasmina entrecerró los ojos, mirando a Brice, y sonrió:
—Brice, te acompaño.
Quería que Bella sintiera un poco de competencia.
Y, de paso, dejarle claro que ella conocía a Brice desde antes.
Don Mar intervino enseguida:
—Jasmina, Brice va a buscar a su novia, ¿para qué quieres ir tú también? No vaya a ser que la señorita Helenas se haga una idea equivocada.
Por dentro, Jasmina ya estaba maldiciendo a don Mar mil veces, pero levantó la cabeza y sonrió:
—No creo que la señorita Helenas sea tan celosa, ¿verdad, querido Brice?
Brice miró hacia atrás y contestó:
—Mejor dime Brice nada más. La verdad es que a Bella no le gusta que ande muy de cerca con otras chicas.
La cara de Jasmina se puso pálida.
El rostro de don Mar tampoco era el mejor. A su edad, ya veía clarito las intenciones de cada quien.
Aunque Jasmina fuera su nieta, no podía evitar pensar que su actitud dejaba mucho que desear.
¡Brice ya tenía novia!
¿Y Jasmina qué pretendía con esa actitud?
¿Ir a romper parejas?
En la familia Mar, sus descendientes no debían andar haciendo el ridículo.
Brice asintió.
Bella resopló:
—Esa chava sí que es una intensa. Por favor, Brice, mantente lejos de ella.
Aunque Bella no conocía en persona a Jasmina, con solo ver los mensajes que le mandaba a Brice, ya se había dado cuenta de que no era una simple amiga.
Ninguna chica le escribe así a un amigo.
—Ya lo sé —respondió Brice.
Caminando y conversando, pronto llegaron a la mansión de los Mar.
Bella la miró desde afuera y comentó:
—Vaya, la familia Mar sí que tiene historia.
Brice asintió:
—Tres generaciones atrás, todos fueron gente de letras.
—Con razón —dijo Bella.
Entraron al jardín trasero.
Brice presentó a Bella:
—Abuelo, ella es mi novia, Bella. Bella, él es don Mar, y ellas son Jasmina y Teresa, las primas de Sue.
Don Mar la saludó con amabilidad:
—Señorita, bienvenida.
—Don Mar —respondió Bella sin pensarlo, ya que le había causado buena impresión.
Jasmina no perdió detalle y observó a Bella de arriba abajo.
Bella tenía el porte de quien viene de la academia militar: alta, delgada y con una presencia fuerte. No tenía ni un gramo de delicadeza femenina, y Jasmina no podía entender cómo Brice podía estar interesado en alguien así.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera del Poder
Buen dia, habia entendido que la novela era gratis, gracias 😊...
Buen dia...