Entrar Via

La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 936

Daniela sintió que el corazón se le encogía con la mirada sombría de Ulises; un sudor helado le recorrió la espalda. El miedo se apoderó de ella, y su instinto le gritaba que el hombre frente a ella era peligroso, alguien a quien no convenía provocar.

Sin embargo, al ver a Sabrina a su lado, Daniela reunió todo el valor que le quedaba y se plantó frente a Ulises.

—La que habló mal de tu diosa fui yo —soltó, con voz temblorosa pero decidida—. Esto no tiene nada que ver con Sabrina.

—Si tienes algún problema, ven conmigo, pero deja en paz a Sabrina.

—Sabrina es de los Ramos. Si te atreves a hacerle algo, los Ramos no te lo van a perdonar.

—Y olvídate de estar con Eva el resto de tu vida.

Al escucharla, Ulises soltó una risa burlona y empezó a aplaudir despacio.

—Señorita Blasco, tienes muy buena lengua. No por nada eres la mejor representante del medio.

—Ya que quieres que me desquite contigo, está bien, te voy a cumplir el deseo.

Ulises volteó hacia uno de sus hombres y preguntó:

—¿Fidel Castaño ya llegó?

El hombre asintió.

—Ya está aquí, está esperando en la entrada.

Ulises asintió levemente.

—Dile que pase.

No pasó mucho tiempo antes de que Fidel entrara en la sala de la enorme casa. Apenas cruzó la puerta, lo primero que vio fue a Ulises.

—Ulises, ¿por qué la prisa de llamarme? ¿Pasó algo con Eva...?

La voz de Fidel se cortó de golpe. Había reconocido a Sabrina y Daniela.

Arrugó la frente y soltó, incrédulo:

—¿De verdad las atrapaste?

Pensar que Ulises había conseguido llevarse a Sabrina, incluso estando protegida por André y Jorge, no era cualquier cosa.

Ulises lo miró de reojo.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada