La comisura de los labios de Ulises se curvó en una sonrisa cargada de ironía.
—Aunque este violín solo sea una reliquia, su dueño fue, en cierto modo, responsable de que Eva perdiera a su madre. Destruir este instrumento también puede consolar el alma de la madre de Eva allá arriba.
Ulises tenía la fuerza de quien ha entrenado toda la vida; sus piernas parecían tener la potencia de un huracán.
Sabrina observaba sin poder hacer nada cómo el violín se rompía poco a poco justo frente a ella.
—¡Déjenme! ¡Suéltenme, por favor!
Sabrina forcejeaba desesperada, intentando lanzarse hacia el violín, pero los guardias a su lado la sujetaban con fuerza, impidiéndole cualquier movimiento.
El Astra Aestiva, ese violín tan preciado, acabó partido en dos justo enfrente de sus ojos. Todavía se alcanzaban a ver las astillas esparcidas sobre el suelo.
La mirada de Sabrina hacia Ulises se llenó de odio.
Para Ulises, aquella mirada no significaba nada. Estaba acostumbrado a recibir ese tipo de reproches y ni siquiera le daba importancia.
Su sonrisa se ensanchó aún más, como la de un niño que por fin consigue el juguete que tanto deseaba.
—Cuando te apuntaron con una pistola a la cabeza, ni siquiera pusiste esa cara... ¿Y ahora, por un violín? ¿De verdad te importa más esto que tu propia vida?
Los ojos de Sabrina se humedecieron; una capa de lágrimas amenazaba con brotar.
Aun así, hizo todo lo posible por contenerse y no dejar que una sola lágrima se le escapara.
Las lágrimas de los débiles solo sirven para perder el tiempo.
Apretó la mandíbula con tanta fuerza que parecía que los dientes le iban a estallar, pero no dijo ni una palabra.
Ulises se quedó mirándola con diversión.
—Y yo que pensaba que eras más lista. Mira, sin un hombre que te defienda, no eres nada.
Sabrina alzó la cabeza para enfrentarlo.
—¿Dices que dependo de los hombres? ¿Y tú? ¿No vives también a la sombra de tu familia? Si tampoco eres autosuficiente, ¿en qué eres mejor que yo?
Ulises se inclinó hacia ella, y como si acariciara a un perrito, le pasó la mano por la cabeza.
—Pues sí, algo de razón tienes... Lástima que mi respaldo es mucho más fuerte que el tuyo. Así que solo te queda dejar que te pisotee. Ah, y por cierto, olvidé decirte: me encanta verte así, sufriendo, impotente y sin poder hacer nada.
Sabrina miró el Astra Aestiva tirado en el suelo, destrozado sin remedio. Sus ojos estaban tan rojos que parecían sangrar.
Cuando habló, su voz salió como un susurro apretado entre los dientes.
—¿Solo porque crees que fui yo la que dañó la reputación de Eva, vienes a destrozarme la vida? ¿Alguna vez pensaste que tal vez yo no fui la culpable?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...