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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 923

Justo en ese momento, Jorge Olivares se interpuso de repente frente a Sabrina Ibáñez.

El cuchillo se hundió directo en el pecho de Jorge.

Sabrina se quedó sin aliento, los ojos abiertos por el susto.

—¡Jorge!

Uno de los guardaespaldas, aprovechando la confusión, logró someter al asesino.

Jorge, como si no sintiera dolor, giró la cabeza hacia Sabrina.

—Sabrina, ¿estás bien?

Sabrina no podía dejar de temblar al ver el cuchillo clavado en el pecho de Jorge. Su voz salió entrecortada, incapaz de contener la angustia.

—Yo estoy bien, pero tú...

Jorge tenía el rostro completamente pálido, pero aun así intentó tranquilizarla.

—Lo importante es que tú estés bien... Yo no es para tanto...

Los asesinos fueron sometidos entre los guardaespaldas de Jorge y los de Gabriel Castillo.

Al ver que por fin el peligro había pasado, Jorge dejó escapar el último aliento de su resistencia y se desmayó.

...

El quirófano resplandecía con la intensa luz roja de emergencia.

Sabrina, con la cara descompuesta, esperaba afuera de la sala, de pie y sin color en el rostro.

Aunque Daniela Blasco intentó consolarla varias veces, repitiendo que Jorge era un buen tipo y que seguro todo saldría bien, los nervios de Sabrina estaban a punto de reventar.

Con la voz áspera y ronca, Sabrina murmuró:

—Él ya se había lastimado por protegerme antes, y ni siquiera había sanado bien... Ahora, por mi culpa, está herido de nuevo...

La garganta se le cerró. No pudo seguir.

La imagen del cuchillo enterrándose en el pecho de Jorge, justo frente a sus ojos, la perseguía como una pesadilla constante.

No podía sacársela de la cabeza.

Daniela abrió la boca, como queriendo decir algo, pero al final prefirió quedarse callada.

El sacrificio de Jorge, lanzándose sin pensarlo para proteger a Sabrina, había dejado a todos conmocionados.

Tras un momento de duda, Daniela propuso:

—Quizá deberíamos llamar a Gabriel, ¿no? Que regrese.

Esta vez, la cantidad de asesinos era absurda.

Si no fuera por Jorge, tanto ella como Sabrina probablemente ya estarían muertas.

La gente de Ulises Hoyos era despiadada.

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