Entrar Via

La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 746

Araceli se acercó con una sonrisa radiante.

—André, ¿cómo es que hoy tienes tiempo de venir por aquí? ¿Viniste a acompañar a Thiago mientras practica tiro también?

André apenas respondió con un murmullo distante, dejando claro que no tenía ganas de conversar.

Cuando estuvieron más cerca, Araceli pareció notar finalmente la presencia de Sabrina. Con una voz suave, le dirigió un saludo cordial.

—Señorita Ibáñez.

Luego, sin pedir permiso, tomó asiento junto a André.

A Araceli no le molestó para nada la actitud distante de André. Apenas se sentó, empezó a platicar de mil cosas.

Al principio, André aún le respondía con monosílabos de vez en cuando.

Pero con el paso de los minutos, su expresión se volvió cada vez más impasible, casi no le contestaba.

Araceli fingió no notar el desinterés de André y empezó a hablar del pasado.

—André, ¿ya se te olvidó? Cuando recién comenzamos a salir, te encantaba escucharme tocar el violín. Cada vez que nos veíamos, me pedías que tocara para ti. Yo me reía, diciendo que eras mi primer público en mis conciertos privados.

Araceli soltó una risa nostálgica y siguió, sin dar tregua.

—Y el día en que me confesaste tus sentimientos, ¿te acuerdas? Eres tan reservado que tu declaración fue tan indirecta, que ni entendí lo que decías. Si no hubiera sido porque después unos tipos me estaban molestando y tú apareciste diciendo que eras mi novio, yo ni me habría enterado de que ya estábamos juntos.

Araceli seguía platicando sin parar.

Antes, André escuchaba todo eso sin mayor problema, a veces hasta se unía a recordar el pasado con ella.

Pero ahora, solo sentía una incomodidad inexplicable.

De manera instintiva, André miró de reojo a Sabrina y se dio cuenta de que ella escuchaba con toda tranquilidad, sin mostrar ni una pizca de fastidio o impaciencia. De hecho, parecía hasta entretenida.

André apretó los dedos y frunció los labios.

Finalmente, no pudo aguantar más y cortó a Araceli en seco.

—Ya estuvo —su voz sonó cortante—. Eso ya quedó atrás, no tienes por qué seguir hablando de eso.

¿Sabrina había preguntado eso?

De verdad que le faltaba un tornillo.

Por mucho que quisiera hacerse la desentendida, Araceli jamás podría hablar de ese tema delante de André.

Podía recordar otros detalles y hacerlos pasar por nostalgia, pero si se ponía a contar eso, ya sería el colmo.

Y André, por supuesto, tampoco quería escuchar semejante cosa.

Araceli apenas pudo forzar una sonrisa.

—Señorita Ibáñez, sí que sabe bromear.

—No estoy bromeando —Sabrina, animada, insistió—. La curiosidad es parte de la naturaleza humana, ¿no cree? Todo lo que ha contado me pareció bastante interesante. No creo que le moleste compartir alguna anécdota romántica, ¿verdad, señorita?

...

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada