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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 722

—Deja de decir tonterías, ¿cómo crees que yo tendría novia? —la voz de André sonó tajante, como si cortara el aire dentro del carro.

Mientras hablaba, levantó la cabeza y, a través del retrovisor, le lanzó una mirada fugaz a Sabrina.

Sabrina estaba atenta, escuchando con mucho interés lo que Romeo decía, como si las palabras de Gabriel no le importaran en lo absoluto.

Gabriel, con la cara llena de picardía, le dedicó una mirada de esas que decían “te entiendo perfectamente”.

—Entonces, si no tienes novia, ¿de quién es este labial? ¿De alguna amiga especial?

—Gabriel —la voz de André se volvió aún más cortante—, si vas a seguir inventando cosas, bájate de mi carro.

Gabriel, lejos de asustarse, mantuvo ese tono bromista:

—Está bien, está bien, ya no digo nada.

Justo en ese instante, el celular de André empezó a sonar.

Él le echó una mirada rápida a la pantalla, frunció el ceño y colgó la llamada sin dudarlo.

Pasaron cinco minutos y el celular volvió a sonar.

Esta vez, André ni siquiera se molestó en mirar la pantalla, simplemente puso el aparato en silencio.

El ambiente se llenó de una calma tensa durante unos diez minutos, hasta que la pantalla del celular volvió a iluminarse.

Gabriel rompió el silencio:

—¿Por qué no contestas, señor Carvalho?

André le lanzó una mirada de fastidio:

—Estoy manejando, no es el momento.

Gabriel, con voz de buena gente, ofreció:

—¿Quieres que yo conteste por ti?

La respuesta de André fue aún más seca:

—No hace falta.

Gabriel no se rindió:

—¿Y si es algo importante? Si lo dejas pasar, podrías arrepentirte.

André, sin apartar la vista del camino, mantuvo su expresión impasible.

—No es asunto tuyo, mejor no te metas en lo que no te incumbe, señor Castillo.

Gabriel solo se encogió de hombros y esbozó una sonrisa, como si nada le afectara.

...

Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que el reloj con teléfono de Thiago comenzara a sonar.

André, que iba concentrado en el volante, apenas pudo disimular el sobresalto. No alcanzó a detener a Thiago, quien ya había contestado la llamada.

—Señor Carvalho, ¿no decías que ese labial no era de ninguna señorita?

Al otro lado del teléfono, Araceli se quedó en silencio, sorprendida. Por el tono, era evidente que había reconocido la voz de Gabriel.

—Thiago, además de tu papá, ¿con quién más estás?

Thiago contestó sin titubear:

—Con mamá, el señor Castillo y Romeo.

La incredulidad de Araceli se podía sentir a través de la llamada. Se tomó unos segundos antes de volver a hablar.

—¿Van todos juntos al parque?

Gabriel y Romeo con André y Thiago, y ahora también Sabrina... Era un grupo de lo más extraño.

—Sí, señora Vargas —afirmó Thiago, como si nada.

Aunque ya sabía que Sabrina y los Castillo también iban, Araceli no quería perder la oportunidad. Había dejado el labial a propósito en el carro de André, buscando un motivo para volver a verlo.

Sin vergüenza alguna, insistió:

—¿A cuál parque van? La señora Vargas va a recoger su labial.

Thiago, con el ceño fruncido, miró a Sabrina, sin saber si debía decirlo o no.

Fue entonces cuando Sabrina intervino.

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