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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 710

—¿Eso es lo que tú llamas ser bueno? ¿Ignorar por completo lo que yo siento y querer arruinarle la mano a mi amigo?

—Si eso es tu idea de hacer el bien... entonces tu bondad da miedo.

Carolina no le reclamó a Julio ninguna de esas promesas de amor eterno que tanto se juran en los momentos intensos.

El amor, una vez que desaparece, vuelve esas promesas tan frágiles como una hoja en blanco.

Ella lo miró con total indiferencia, como si estuviera viendo a alguien que le daba repulsión, sin un solo rastro de afecto en su mirada.

—Julio, yo nunca te he debido nada. Más bien, eres tú quien me quedó debiendo.

—Así que, este golpe de hoy... considéralo como que quedamos a mano.

Dicho esto, giró la cabeza hacia Hache:

—Hazlo.

Hache se acercó a Julio.

Julio lo miró fijamente y soltó una risa burlona.

—¿Tú crees que puedes conmigo…?

No terminó de hablar cuando, de pronto, una trompada le voló directo a la cara, tan rápido que apenas pudo reaccionar.

De no ser porque Julio también había entrenado antes, ni siquiera habría alcanzado a defenderse.

Por puro instinto levantó el brazo para bloquear el golpe, olvidando que tenía la mano atravesada por una cuchillada y ya no tenía fuerza para resistir.

Pero Hache no buscaba su cara.

Apretando el mango del cuchillo, dejó ver una sonrisa sádica en los labios, giró la muñeca y trazó un círculo con la hoja en la palma de Julio.

Sudor frío le brotó por la frente.

Julio tenía algo de aguante; no gritó, se mordió el dolor y resistió como pudo.

Sin embargo, cuando intentó devolver el golpe, sintió una punzada brutal en la pierna.

Hache le había dado una patada justo en la parte más débil de la pantorrilla.

Julio perdió el equilibrio y cayó de rodillas.

Carolina esbozó una sonrisa sin alegría:

—Yo te cuidé sin pedir nada a cambio, me entregué a ti cuando estabas ciego, y aun así fuiste capaz de lastimarme. ¿Y ahora quieres que yo no sea capaz de devolvértelo?

—¿Qué hiciste tú por mí que justifique que yo te perdone?

Julio quiso decirle que le organizó una pedida de mano espectacular, que en su cumpleaños hizo que toda la ciudad se llenara de fuegos artificiales, que nunca permitió que nadie la maltratara... ¿acaso eso no contaba?

No alcanzó a decir nada; Carolina ya había alzado el palo y lo descargó directo en su mano herida.

El dolor lo atravesó como un relámpago.

Empezó en el pecho y se extendió por todo el cuerpo, mil veces peor que cualquier herida anterior.

Esta vez no pudo aguantar.

—¡Ah!

Carolina ni siquiera pestañeó.

—¿Duele? Pues justo eso quería. Antes de que vayas a causarle dolor a los demás, deberías sentirlo tú primero.

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