En el instante en que cayó, Sabrina protegió sus manos por reflejo, así que solo se lastimó el brazo.
Al ver la escena, Carolina corrió hacia ella, con el susto pintado en la cara.
—Sabrina, ¿tu mano está bien?
Para una pianista, las manos valen más que la vida misma. Carolina lo sabía mejor que nadie, ella también tocaba el piano.
Sabrina estaba justo en medio de una competencia, y además iba a dar un concierto.
Si por esto se lesionaba la mano y no podía competir...
¡Eso la haría sentir culpable de por vida!
Julio, ¡esto no tiene perdón!
Con la ayuda de Carolina, Sabrina se incorporó despacio.
—…Estoy bien, no te preocupes.
Carolina, con los ojos enrojecidos, revisó con cuidado las manos de Sabrina.
Las manos de Sabrina siempre habían sido hermosas, delicadas y tan blancas como la porcelana.
En el dorso tenía algunas marcas de raspaduras.
El antebrazo mostraba una herida que lucía alarmante.
Julio observó cómo Carolina la miraba con tanto dolor y cariño, y de repente recordó que, en el pasado, ella también lo había mirado así a él.
Pero ahora, cuando Carolina lo veía, solo había una distancia insalvable.
Julio sintió una molestia amarga crecerle en el pecho y, sin pensarlo, agarró la mano de Carolina con fuerza.
—Vente conmigo y la dejo en paz.
Si sigues en este plan, Carolina, seguro que no quieres ver de lo que soy capaz.
Las pestañas de Carolina temblaron.
Sí, ella conocía demasiado bien de lo que Julio era capaz.
Sus labios temblaron, y al final solo pudo decir:
—Sabrina, yo me tengo que ir. Por favor, ve a que te revisen esa herida en el hospital. Te prometo que luego iré a verte…
Julio era un miserable, y no podía arrastrar a Sabrina a ese desastre.
Pero Sabrina de pronto la sujetó de la mano.
—Carolina, tranquila. Él no puede hacerme nada, ni tiene con qué.
La mirada de Sabrina se volvió cortante.
El celular salió volando, rodó por el suelo y fue a parar justo a los pies de Julio.
Julio, sin dudarlo, lo pisó con fuerza.
—¡Crac!
El sonido fue tan claro como una bofetada. La pantalla del celular de Sabrina se llenó de grietas como una telaraña.
Carolina temblaba de la rabia.
—¡Julio, estás loco!
Julio la miró y una sonrisa cruel se le dibujó en los labios.
—Carolina, te di tu oportunidad. Fuiste tú la que la desperdició.
Ya que no te portas bien, ¿cómo debería castigarte?
Su mirada, por alguna razón, se detuvo en la mano de Carolina.
—Te lo dije una vez: el puesto de señora Castaño solo te pertenece a ti. Nadie más tiene derecho a ocuparlo.
Por ese “trabajito” tuyo, echaste a perder tantos años juntos… ¿De verdad tocar el piano es tan importante?
Desde que Julio recuperó la vista, Carolina había intentado varias veces volver al trabajo, pero él siempre se lo negó.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...