Entrar Via

La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 675

Sabrina Ibáñez notó que en la camisa de Hache había unas manchas de bebida, como si alguien le hubiese tirado algo encima.

Al mirar a los tres tipos que estaban de pie frente a él, todos con pinta de niños ricos, Sabrina entendió que Hache había tenido problemas hacía poco.

No le sorprendió para nada.

En este tipo de clubes exclusivos, era fácil distinguir entre la gente común y los que nadaban en plata.

La ropa de Hache se la había conseguido Daniela Blasco. Daniela no le compró lo peor, pero tampoco iba a gastar una fortuna en ropa de diseñador; eligió prendas que cualquiera usaría en la calle.

En cambio, los hijos de familia acomodada que venían aquí llevaban encima, mínimo, ropa de decenas de miles de pesos. Algunos hasta podían vestir prendas que costaban millones.

Los hijos de familias tradicionales crecían en ese ambiente, así que tenían el ojo afilado para notar cualquier diferencia.

Hache, con esa pinta que tenía, ya había llamado la atención de varias chicas ricas hace rato. Incluso, cuando Sabrina fue a escoger su caballo, vio que algunas se le acercaban para pedirle su número.

Así que los celos estaban más que cantados.

Los tres tipos parecían tenerle respeto a Rocío Hoyos. Se miraron entre ellos, y sin tratar de justificarse ni hacerse los duros, se disculparon de una vez.

—Perdón.

—Disculpa.

—No fue nuestra intención.

Cuando terminaron de pedir disculpas, Rocío volteó hacia Sebastián Fonseca.

—Señor Sebastián, ¿queda satisfecho con esto?

El mensaje era claro: si él no estaba conforme, ella podía seguir metiendo presión por él.

Hache asintió con calma.

—Todo bien así.

Solo entonces Rocío miró de nuevo a los tres, con una expresión tan dura que hasta el ambiente se sentía tenso.

—Hache es de buen corazón y los perdona, pero eso no significa que yo haga lo mismo con sus tonterías. Desde hoy, pierden su membresía y no quiero verlos por aquí nunca más.

Los tres se apuraron a contestar:

—Está bien, señorita Hoyos, entendemos.

—Perfecto, ahora sí, pueden irse —ordenó Rocío.

Apenas se alejaron, Rocío se giró hacia Hache con una sonrisa.

—¿Por qué no me dejas tu número? Agreguémonos al celular. Si te metes en algún lío, búscame.

Sabrina se detuvo.

—Sí, como no te vi, vine a buscarte.

Hache le sonrió a Rocío, agradecido.

—Aprecio mucho su oferta, señorita Hoyos, pero por ahora no pienso cambiar de trabajo. Lo siento.

Dicho esto, sin esperar respuesta, se acercó rápido a Sabrina.

Sabrina le echó un vistazo a su camisa manchada y le preguntó:

—¿Te metiste en problemas?

Sebastián se encogió de hombros, sin darle importancia.

—Nada grave.

—Anda, ve a cambiarte de ropa —le aconsejó Sabrina.

Sebastián asintió.

—Listo.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada