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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 644

Pero él pensaba que, aunque Celeste le guardara rencor y no le dejara las acciones, por lo menos las repartiría entre sus hijos.

Jamás imaginó que Celeste no dejó ni una sola acción a los tres hermanos Federico.

Federico comentó:

—Voy a buscar la manera de que Sabrina renuncie a las acciones originales y acepte acciones ordinarias.

Eva, por ahora, también solo tiene acciones ordinarias.

Las acciones originales del Grupo Ramos ya habían sido convertidas todas en acciones ordinarias por Martín.

Las cosas no eran como antes; ahora Martín no quería que otros accionistas tuvieran la capacidad de influir en las decisiones de la empresa.

Martín lo pensó un momento y asintió con la cabeza.

—Federico, encárgate tú de ese asunto.

...

Al día siguiente.

En cuanto Sabrina llegó al estudio, Daniela Blasco y los demás se acercaron de inmediato.

—Sabrina, nos enteramos de que tuviste un accidente de carro, ¿qué pasó? ¿Será que llevabas mucho sin manejar?

Sabrina les contó con detalle todo lo que había sucedido.

Daniela, al escucharla, apretó los puños con rabia.

—¡Ese tal Fidel Castaño sí que se pasó de la raya! ¡Es peor que Fabián Guerrero, que ya de por sí da asco!

Fabián solo sabía armar escándalos y de vez en cuando inventar alguna tontería para manchar el nombre de Sabrina.

Pero lo de Fidel era otra cosa, él quería acabar con ella de verdad.

Carolina Nieves miró a Sabrina de arriba abajo.

—Sabrina, ¿no te lastimaste en serio?

Sabrina le mostró la muñeca hinchada.

—Solo se me inflamó un poco, pero no me rompí nada, así que no hay problema.

En ese momento, Sebastián Fonseca, que había estado callado, habló de pronto:

—Señorita Ibáñez, mencionó que los frenos del carro de Fidel fallaron de repente. ¿Ya saben por qué pasó eso?

Sabrina miró a Sebastián, sorprendida de lo atento que era.

—Fidel dice que fue provocado, pero la verdad, todavía no hay claridad sobre el asunto.

André Carvalho y Gabriel Castillo estaban investigándolo, pero seguro tardarían en tener resultados.

Sabrina guardó silencio, sumida en sus pensamientos.

Había muchos testigos, pero pocas personas con verdadero motivo para hacer algo así.

Gabriel no era. Si hubiera sido él, ya lo habría confesado.

Tampoco André. Incluso en el carro le había aconsejado que evitara buscarse problemas con Fidel.

¿Y Jorge Olivares?

Él era demasiado tranquilo y educado para semejante cosa.

Solo quedaba Fabián.

¿Será que quería aprovecharse de la situación?

Tal vez Fabián no tenía la malicia, pero Araceli Vargas sí.

Y la verdad, todo estaba yendo exactamente como ellos querían.

Sabrina sintió cómo se le endurecía la expresión.

Ya estaba cansada de que Araceli y Fabián no la dejaran en paz, pero ellos seguían aferrados a molestarla.

Parece que ya era hora de que les diera una lección.

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