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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 636

Los ojos del abogado Reyes brillaron por un instante.

—La verdad, ahora sí me da curiosidad, ¿qué clase de conflicto existe entre usted, señor Castaño, y nuestra clienta? ¿Por qué no lo cuenta aquí para que todos escuchemos y así evitamos malentendidos?

Todas las miradas se centraron en Fidel.

Incluso Eva y los demás, quienes sabían que Fidel tenía algún problema con Sabrina, ignoraban cómo había comenzado todo. Fidel nunca les había contado nada.

Sabrina, al ver que Fidel permanecía en silencio, soltó una sonrisa y dijo:

—¿Por qué tan callado, señor Castaño? ¿Tan difícil se le hace decirlo en voz alta? ¿O es que le da pena? Bueno, pensándolo bien, es lógico. Al final de cuentas, fue usted quien empezó con las provocaciones. A cualquiera le costaría admitirlo.

En ese momento, Gabriel se adelantó y puso el video de las cámaras de seguridad que había recuperado hace poco, mostrándolo para que todos lo vieran.

En la grabación se podía ver con total claridad cómo Fidel, después de encontrarse con Sabrina, se comportó de manera arrogante, llegando incluso a intimidarla y hostigarla.

Bastaba con oír el audio del video para que cualquiera pensara que Fidel se merecía una buena lección.

Nicolás también miró sorprendido a Fidel.

Él mismo había planeado hacerle una mala jugada a Sabrina y hasta había mandado a alguien a insultarla, pero jamás se le habría ocurrido llegar al extremo de usar la fuerza.

Después de todo, su tío era el jefe del Grupo Castaño, ¿cómo iba a rebajarse a ese nivel?

Antes, Nicolás pensaba que Sabrina exageraba cuando lo acusaba de ser un pervertido y un acosador. Pero ahora, después de ver el video, entendía que llamarlo así no era ninguna exageración.

Apretar la mano de una mujer y pisarle el pie… hasta él, que era un desvergonzado, no podía justificar ese tipo de comportamiento.

Un hombre que agrede a una mujer pierde toda dignidad.

Antes, André había pensado que Fabián exageraba al hablar mal de Fidel. Ahora veía que Fidel se había ganado su mala fama.

Los policías también intercambiaron miradas extrañas mientras veían a Fidel.

Uno de ellos, un joven que apenas llevaba poco tiempo en el puesto, no pudo evitar intervenir.

—Señorita Ibáñez, si gusta, puede denunciar por acoso —le sugirió alzando la voz.

Un policía mayor tosió con discreción y lanzó una mirada de advertencia al más joven, indicándole que no se metiera en lo que no le correspondía.

Siguiendo el protocolo de imparcialidad, el policía mayor se dirigió a Fidel.

—Señor Castaño, ¿usted cree que la señorita Ibáñez desarrolló resentimiento por sus acciones…? —Se detuvo un momento, buscando las palabras correctas—. Quiero decir, ¿usted piensa que la señorita Ibáñez busca vengarse por lo que usted le hizo?

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