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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 632

Se detuvo un momento y luego dijo:

—Quiero solicitar que la señorita Ibáñez quede en libertad bajo fianza mientras se realiza la investigación.

El policía respondió:

—Lo siento, señorita Ibáñez está siendo investigada por presunto homicidio intencional. Por el momento, tendrá que permanecer detenida y no puede ser liberada bajo fianza.

El abogado Reyes soltó una sonrisa tranquila y replicó:

—¿Homicidio intencional? ¿Me puede decir a quién mató la señorita Ibáñez? ¿O acaso hay alguien gravemente herido, luchando por su vida en el hospital?

El policía se quedó callado unos segundos, luego contestó:

—Eso no, pero sí hay cuatro personas que resultaron con lesiones leves.

El abogado Reyes, fiel a su fama de ser un hueso duro de roer, no se detuvo:

—¿Lesiones leves? ¿Ya existe algún reporte médico oficial al respecto?

La gente común suele decir “lesión leve” sin saber que, en términos legales, una lesión de ese tipo ya es bastante grave.

El policía, notando que el abogado no iba a dejarlo ir tan fácil, contestó:

—Aún no, pero los afectados siguen en el hospital recibiendo atención.

El abogado Reyes asintió despacio:

—Mi clienta, la señorita Ibáñez, es una figura pública. Muy pronto tiene programado un concierto. Si la detienen sin pruebas contundentes, su reputación se verá afectada.

—Y si esto resulta ser una calumnia planeada por alguien, justo antes de su concierto, ¿quién va a hacerse responsable por el daño a su imagen?

El abogado Reyes mantenía su sonrisa serena, su tono era cordial, casi amable.

—Mi clienta me contó que al notar que el carro de adelante tenía problemas con los frenos, solo intentó ayudarle a detenerse. ¿Cómo se convierte eso en homicidio intencional?

—Mi clienta solo intentó salvar a alguien y ahora quieren convertirla en criminal. Me hace sospechar que aquí hay alguien que busca ensuciar su nombre.

—Señor policía, aprovecho para denunciar formalmente a esa persona que está difundiendo rumores y buscando dañar la reputación de mi clienta. Le pido que la arresten por difamación.

Los policías se quedaron callados, sin saber cómo reaccionar.

Hubo un breve silencio. El policía, tras pensarlo unos segundos, finalmente dijo:

—Parece que aquí hay un malentendido. Mejor sentémonos todos a platicar y aclaremos las cosas. Si la parte acusadora acepta retirar la denuncia, la señorita Ibáñez no tendrá que declarar.

Esa era, en realidad, una invitación a llegar a un acuerdo.

El abogado Reyes miró a André, quien asintió con la cabeza.

El abogado aceptó:

—De acuerdo, pero antes de eso, ¿pueden esperar a que mi clienta termine de aplicarse el medicamento?

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