Al escuchar esto, Araceli pareció recordar algo.
—André, ¿tú crees que la señorita Ibáñez quiera divorciarse de repente porque Hernán le prometió algo? —preguntó, con una mirada llena de sospecha.
Antes de que André pudiera responder, Fabián, que estaba a un lado, se quedó boquiabierto.
—¡Oye, pero ese no es el tipo que vimos la otra vez en el hospital, el que parecía mantenido? ¿Qué hace ahora con Sabrina?
Fabián bajó la voz, acercándose a André.
—André, ¿no será que ese tipo es el amante secreto de Sabrina? ¿Que lo tiene escondido y ahora lo trajo aquí?
Araceli, que al principio no había prestado atención a Sebastián, sintió un sobresalto al oír a Fabián y dirigió la mirada hacia donde señalaba.
En cuanto lo vio, su expresión casi se le descompone.
—¿Sebastián? —murmuró, incrédula.
¿Qué hace él aquí?
Como si lo hubiera presentido, Sebastián, que estaba platicando con Marcelo, giró la cabeza justo en su dirección.
Al encontrarse con su mirada, el hombre no mostró ni una pizca de nerviosismo o incomodidad.
Al contrario, le sonrió abiertamente y le saludó con la mano, con una sonrisa tan radiante que parecía no importarle en lo más mínimo que los demás lo vieran.
El corazón de Araceli latía tan fuerte que pensó que se le iba a salir del pecho.
¿Qué se traía Sebastián entre manos?
Se dio cuenta de que él estaba sentado justo entre el grupo de Sabrina, rodeado de Daniela y el resto, todos platicando con él como si fueran viejos amigos.
De pronto, le vino a la mente lo que Sebastián le había dicho cuando fue a visitarla al hospital.
Que le tenía preparada una sorpresa.
¿Era esto a lo que se refería con “sorpresa”?
¡Eso no era una sorpresa! ¡Era más bien un susto de muerte!
Fabián, al notar que Sebastián le estaba mirando, apretó los dientes y soltó un insulto.
—¡Mira nada más! ¡Ese tipo hasta se atreve a provocarnos con esa sonrisita!
Fabián tomó la sonrisa de Sebastián como una provocación, y de la rabia comenzó a soltar una sarta de groserías, desquitando toda su furia contra él.
Incluso terminó haciéndole una seña obscena con el dedo.
Araceli, al ver la escena desde un lado, sintió que el estómago se le encogía.
Sebastián no era alguien a quien Fabián pudiera insultar o provocar tan fácilmente.
Pero esta vez, sí que se notaba su obstinación por ese cuadro.
André también sentía curiosidad por saber qué clase de obra podía entusiasmar tanto a Jorge.
...
Araceli tenía la cabeza hecha un lío.
No podía creerse que Sebastián estuviera sentado junto a Sabrina.
¿Qué pretendía con eso?
¿Quería acercarse a Sabrina para espiarla? ¿Robarle información?
¿Pensaba ayudarme robándole la partitura?
¿O acaso planeaba envenenarla poco a poco?
No, eso no tenía sentido.
La vez pasada, Sabrina había dicho que tenía copia de su partitura.
Aunque se la quitaran, podía demostrar que era original.
Además, ese tipo de jugarretas tan bajas no iban con ella, y mucho menos con Sebastián.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...