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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 593

El aire dentro del carro se volvió denso de repente, como si todos los sonidos se hubieran detenido por un instante.

La respuesta de Sabrina había sido tan arrogante que nadie se lo esperaba.

De hecho, quedó claro que no pensaba darle importancia alguna a Araceli.

Incluso Elwood, quien hasta ese momento prefería no meterse en discusiones entre los más jóvenes, no pudo evitar fruncir el ceño.

Dirigió la mirada a Sabrina, con una expresión cargada de significado.

—Señorita Ibáñez, hay ocasiones en las que la habilidad y el talento no lo son todo.

Hizo una pausa, buscando las palabras correctas.

—He conocido a muchos músicos con gran talento, pero en cada competencia, por uno u otro motivo, nunca logran mostrar todo su potencial. Hay quienes, al enfrentar la primera derrota, se vienen abajo y jamás logran levantarse.

—Y también he visto a personas con menos talento, pero que, gracias a diversas oportunidades, terminan alcanzando la cima.

Guardó silencio por un momento, y añadió:

—A veces, la suerte también es parte del talento.

Sabrina captó de inmediato el mensaje oculto en las palabras de Elwood.

Él quería decirle que, aunque la habilidad de Araceli no fuera tan grande, el simple hecho de haberlo encontrado ya era un golpe de suerte para ella. Y que, por más talento que Sabrina tuviera, quizá un día los logros de Araceli la superarían.

Sabrina sonrió levemente, sin mostrar molestia.

—No comparto del todo lo que dice, Elwood.

Era raro que alguien se atreviera a contradecirlo de frente, y él entrecerró los ojos, interesado.

—¿Y cuál es su opinión, señorita Ibáñez?

Sabrina se apartó un poco el cabello húmedo de la frente y, con una sonrisa tranquila, respondió:

—Si uno se deja afectar por factores externos y no logra rendir al máximo, para mí eso solo demuestra falta de talento y de fuerza real.

—No niego que la suerte influya. Pero cuando el talento es abrumador, ni la mejor suerte puede cambiar el resultado.

Elwood la miró con más atención, sus ojos azules volviéndose más agudos, y en su mirada apareció una chispa de desdén.

Araceli, sentada en el asiento de copiloto, se quedó boquiabierta, sin poder procesar lo que acababa de escuchar.

¿De verdad Sabrina tenía el descaro de hablarle así a Elwood, así, de frente?

¿No tenía idea de con quién estaba tratando?

No hacía falta ser un genio para saber que Araceli había tenido mucho que ver en eso.

Araceli siempre sabía cómo hacerse la víctima, y la gente, por instinto, suele ponerse del lado del que parece más débil.

Con Araceli manipulando las cosas, era solo cuestión de tiempo para que Sabrina y Elwood terminaran enfrentados.

No tenía sentido seguir guardando las apariencias.

...

André llevó a Sabrina hasta el estudio.

Ella le agradeció, bajó del carro y se marchó.

Apenas Sabrina se alejó, André, que había guardado silencio todo el trayecto, le habló a Elwood.

—Elwood, Sabrina siempre ha sido directa al hablar. No se lo tome a mal.

Elwood mantuvo una expresión imperturbable, sin mostrar si estaba molesto o no.

—Es normal que los jóvenes crean que nunca se van a tropezar. Un poco de orgullo es parte de su edad.

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