Ricardo se dio cuenta de que había hablado de más y se corrigió rápido:
—Me equivoqué... Seguro es de alguien más.
Sebastián cerró los ojos y su rostro reflejó un cansancio abrumador. Con voz apagada, como si su mente hubiera recuperado un poco de claridad, ordenó:
—Mándenlo al laboratorio.
Ricardo por fin soltó un suspiro de alivio, aunque el estado en el que se encontraba su jefe lo tenía muy preocupado.
Sebastián siempre había sido sensato y calculador. Podía manejar la peor de las crisis con total frialdad, pero verlo así ahora le daba terror.
Mientras Ricardo dudaba si quedarse o no, Sebastián volvió a hablar con voz ronca:
—Acompáñalos. No te despegues ni un segundo de las pruebas. Diles a los guardias de afuera que no bajen la guardia; no quiero que nadie manipule nada.
Estas instrucciones tan claras tranquilizaron un poco a Ricardo.
—Sí, ahorita mismo me encargo.
Sebastián abrió los ojos y le clavó una mirada penetrante.
—En cuanto tengan los resultados, avísame.
—Entendido —respondió Ricardo, haciendo de tripas corazón.
***
Unas horas después, salieron los resultados. Ricardo había estado supervisando todo el proceso.
—Ricardo... —El doctor lo miró con expresión grave—. Ya tenemos los resultados.
Ricardo lo encaró:
—¿Cuál es el veredicto?
El doctor agachó la cabeza.
—Es la señorita Ibáñez.
Ricardo se quedó pasmado por un momento. Negándose a creerlo, preguntó:
—¿Estás seguro?
***
En el lugar del funeral, seguían sacando más cuerpos carbonizados. La escena era una auténtica masacre.
Ricardo le dio la noticia:
—Señor Fonseca, los análisis del doctor... confirmaron que es la señorita Ibáñez... —Su voz sonaba temblorosa y ni siquiera se atrevía a mirarlo a la cara.
Sebastián había volteado el lugar de cabeza y seguía sin encontrar a Sabrina. Se quedó paralizado como una estatua, mirando a Ricardo sin ninguna expresión.
Al ver que no le respondía, Ricardo levantó la vista. Sebastián parecía un cascarón vacío, un títere sin alma; no mostraba ni una pizca de emoción.
—Señor Fonseca... —Ricardo empezó a alterarse.
A veces, la calma era lo más aterrador. Prefería que Sebastián perdiera los estribos y empezara a romper todo, en lugar de verlo así. Era la calma antes de la tormenta, y nadie sabía de qué tamaño sería la catástrofe que estaba por llegar.
Sebastián seguía en shock, sin reaccionar.
—Señor Fonseca... —Ricardo apretó los dientes y soltó lo que le rondaba por la cabeza, aunque no tuviera pruebas—. Me late que hay gato encerrado en todo esto.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...